Archivo de la etiqueta: tooth fairy

El ratoncito Pérez

¿Quién se acuerda de nuestros primeros dientes de leche? Cuando empezaron a soltarse, a bailar en las encías, cuando soñábamos que llegara el momento de que se cayeran y de esperar toda la noche al ratoncito Pérez. No lo hacíamos por el dinero, más bien por la mágica sensación de que un ser tan diminuto se colara en nuestra habitación, de que alguien misterioso y desconocido se acordara de nosotros. Yo recuerdo un diente en Calas de Mallorca, tendría la edad adecuada, no la recuerdo, iba corriendo por el costado de esos apartamentos altísimos que había enfrente de la Casa 13, creo, esos otros apartamentos que están enfrente de Maite y de Toni. Bueno, que iba corriendo y sentí algo duro navegar en mi boca, era el diente. Escupí la sangre, lo tomé entre mis dedos y corrí con toda la ilusión del mundo a casa. No recuerdo si el amigo Pérez me dejó algunas pesetas pero sí recuerdo colocar el diente diminuto debajo de la almohada, lo recuerdo perfectamente. A la mañana siguiente ya no estaba. Y yo feliz. Feliz porque alguien se acordó de mí, aunque hubiese sido mi madre.

A Marcos ayer se le cayó ayer su cuarto diente, y le hizo tanta ilusión como el primero. No mordió una manzana, ni le até un hilo al pomo de la puerta, ni tampoco le pegué un tirón con mis dedos. A Marcos se le cayó el diente en la siguiente escena:

(Papa llega del trabajo. Al abrir la puerta sus dos hijos, Marcos y Sebas corren hacia él)
–    Papi, papi, papiii -gritan los dos niños.
–    Holaaaaa (Papi silba, como hace siempre al entrar a casa).
–    Papi, papi, se me cayó el diente –dice Marcos
–    ¿Síiiii? ¿Cómo se te cayó? –Pregunta papi.
–    I kicked him in the mouth –responde Sebas (Le pateé en la boca).
–    WHAT? –pregunta papi (aunque quiso decir What the Fuck o Coño, ¿y eso?
–    Yes, pero no me dolió papi –aclara Marcos.
–    Pero no le puedes patear la cara Sebas –explica papi.
–    It was an accident papi –se defiende Sebas. (Fue un accidente)
–    No me dolió papi. Gracias Sebas, gracias por la patada, tenía tantas ganas de que se cayera el diente –agradece Marcos a Sebas.
–    ¿Y el de al lado también está medio suelte eh? –exclama papi feliz de ver a los dos niños radiantes.
–    Yes –responde Marcos.
–    Marcos, do you want me to kick the other one too? –pregunta Sebas (si le puede patear el otro)
–    Noooo –estás loco Sebas interviene papi.
–    Pleaseeeeeee papi –suplica Sebas.

Y así termina la historia del cuarto diente de leche de mi hijo Marcos. Él feliz porque se siente especial, Sebas radiante porque contribuyó a la felicidad de su hermano, y yo satisfecho por el gran equipo que hacemos.

PS: El ratoncito Pérez (o el tooth fairy) le dejó $2 dólares. La crisis.

5 comentarios

Archivado bajo Relato

El ratoncito Pérez

El viernes Marcos recibió la primera vista del ratoncito Pérez, Miguel en algunas partes de América, y el o la “Tooth fairy” en Estados Unidos. Llevaba meses diciendo que se le movía un diente aunque en realidad estaba más firme que el Obelisco. Las dos últimas semanas es cuando empezó a moverse un poco y ya el viernes en la mañana despertó sin un diente de abajo. Estaba feliz. Le dijo a todos en el colegio, llamó a sus abuelos a Archivel, no paraba de hablar de la visita del ratoncito Pérez de esa noche. Le escribió una carta pidiéndole que por favor no se llevara el diente, que le dejara el dinero, eso sí, pero que no se llevara el diente. Y así fue. Como el ratoncito Pérez no tenía suelto, no le quedó otra opción que dejar 20 dólares. También le expliqué yo a Marcos que eso sucedía la primera vez, que sino a ese ritmo con media boca tenía para comprarse un Play Station nuevo. Los siguientes dientes ya dejarían unas monedillas nada más. El crío se quedó conforme con la explicación.

Me preguntó varias veces si alguien había visto al ratoncito Pérez. Le dije que no, por su puesto que no. Él solo aparecía cuando todo el mundo dormía. Algo similar a Papa Noel, aunque éste en algún momento fue descubierto porque todo el mundo sabe como luce Papa Noel, o Santa Claus (dependiendo de la creencia), en cambio yo no tenía ni idea qué pinta tenía el ratoncito Pérez. De hecho no parecen ponerse de acuerdo porque hay distintas imágenes de él en google. La cosa es que en algún momento apareció el roedor (imagino que mami le abrió la puerta porque yo dormí toda la noche), dejó los 20 pavos y también el diente. Todos felices al día siguiente. Ahora se le mueve el diente de al lado. Ya está haciendo cuentas que con otros 20 se puede comprar un monopatín. Ayer compré yo uno en un garage sale por 4 dólares, o sea que anda, ahí van los Reyes.

Yo le tenía pavor a que se me cayeran los dientes. La mayoría recuerdo que sucedió mientras corría, aunque de pequeño siempre corría, o sea que la probabilidad de que me pillara corriendo era bien alta. El caso es que no recuerdo haber encontrado dinero debajo de la almohada. Seguro que el ratón condenado no daba servicio en Calas de Mallorca.

2 comentarios

Archivado bajo Relato