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El café cubano

Hoy soñé que alguien me hablaba. Fue tan real que me desperté pensando que había alguien en la habitación. Se me aceleró el corazón por unos instantes mientras me preparaba ya a saltar de la cama para echar mano al bate que duerme debajo de ella.

Todo comenzó a las siete de la tarde del día anterior. En la oficina en mi día libre, después de una semana brutal de trabajo, me tomé un café cubano para combatir el terrible sueño que me atacaba. Trabajé hasta la una de la madrugada cuando decidí emprender el camino a casa. Para eso de las dos, más despierto que un domador de leones, estaba ya tumbado en la cama esperando conciliar el sueño. Las tres y cuarenta y yo seguía repasando todas las cosas que nos quedan por arreglar en los nuevos canales univisionfutbol.com y univisiondeportes.com. Las cinco y diez pero yo seguía, como mucho, adentrándome en la primera fase del REM. Pensaba, soñaba y despertaba todo entre vuelta y vuelta, tapándome, destapándome. Cerca de las seis escuché claramente, como si hubiera alguien ahí parado a un lado de mi cama que me dijo:

– Pss, pss, ven.

No recuerdo si tenía los ojos cerrados pero sí sé que los abrí, si los tenía abiertos, lo abrí todavía más. No puedo explicarlo de otra manera pero la voz que escuché fue real, al menos en mi sueño. En algún momento de la noche, entresueños, soñé que buscaba a alguien por todas las habitaciones de la casa de mi madre. Todos dormían y no podía identificar los bultos en la oscuridad. ¿Será que estaba buscando a mi hermano que llegó ayer de Nueva York? ¿Será él quien en mitad de la noche me dijo, desde su sueño, que fuese a verlo?

Si alguien sabe la respuesta que la comparta. Maldito café cubano.

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Mis sueños

Hoy soñé varias cosas, como siempre. Entre tantas, el Sporting de Gijón goleaba al Madrid 9-3, cosa que no tiene sentido (espero que el traje de rayas rojiblancas fuera del Sporting y no del Atlético de Madrid). Poco antes o después de la goleada, porque cuando uno duerme no sabe muy bien cuál es el orden de los sueños, armé una historia sobre un criatura extraña que trataba de entrar en casa. No tengo idea de dónde saqué ese argumento ya que no recuerdo haber visto recientemente Dawn of the dead, 28 days o alguna película por el estilo. La cuestión es que muchas veces no puedo poner una lógica a mis sueños y cuando busco el significado de los mismos en mi realidad tampoco consigo darle mucho sentido a la situación.

Durante los años me han acompañado una serie de sueños, siempre las mismas historia, los mismos argumentos. Camino por una senda, creo que en Calas de Mallorca, cuando temo que el mar se vuelque sobre mí. He de reconocer que cuando empecé a soñar esta historia, allá por 1985, no tenía ni la más mínima idea de la existencia de los tsunamis. Otro que me invade sobre todo cuando tengo fiebre o tomo NyQuil tiene lugar en un parque gigante o quizá yo sea diminuto. El caso es que me paseo entre las rocas gigantes del camino con una gran sensación de insignificancia. En alguna ocasión he muerto y muy a mi pesar creo nunca haber volado.

Por suerte todos los días sueño. Disfruto los sueños al punto que muchas veces me acuesto con la misma ilusión que se siente en la sala del cine, a la espera de una gran historia. No me molesta no entender el significado pero sí me entristece no poder recordarlos a los pocos minutos de haber despertado, por eso a partir de ahora comenzaré a escribirlos.

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Un cocodrilo se comió a mi hijo

Hoy he soñado con Pep Guardiola. Ayer un cocodrilo se comía a mi hijo mayor. Bajaba yo al lobby de un hotel cualquiera, pequeño, con un solo empleado en la recepción, cuando Guardiola, con sus manos en los bolsillos y una chaqueta fina de lana, entraba por la puerta con cara de preocupación. Hombre, don Pep Guardiola le dije mientras rodeaba su mano con las dos mías. Continué diciéndole al estratega del Barcelona: es un placer y un honor saludarlo. Es un orgullo para España, yo soy de Mallorca pero español ante todo, y no solo por su labor deportiva pero por su coherencia y sentido común al hablar es usted un orgullo, una buena representación. Después de soltar mi discurso, donde también conseguí insertar que era periodista, a lo que él replicó: Ah, es usted un amigo, cosa que no entendí muy bien, continúe insistiendo en lo bien que habla y el buen ejemplo de la retórica que da en un mundo, el deportivo, tan escaso de mentes bien habladas.

La noche anterior estaba yo jugando con un cocodrilo en una especie de piscina artificial, esas de agua turbia, suelo marrón y bordes inclinados como las que hay en los zoológicos. Creo que estaba tratando de revivir a un cocodrilo con una rama, que al parecer estaba muerto. Como describió muy bien mi cuñado José, you were bothering him. He was just sleeping. Exacto, estaba vivo y yo lo estaba poniendo de mal humor. Al girarme para buscar otra rama más larga vi a Lari dentro de la piscina, en la orilla, empujando un pequeño bote con mi hijo mayor dentro de el. Justo en ese momento el dinosaurio abrió su boca y uno ojo. Yo grité del otro lado pero fue demasiado tarde. El animal mordió a mi hijo en el torso. Toda la parte izquierda de su pequeño cuerpo estaba enterrada en su boca. Lari tiraba del brazo que quedaba libre mientras gritaba sin control. Yo corrí hacia ellos pero solo pude ver la cara de mi hijo mientras desaparecía en el agua, sus ojos clavados en mí. Sin llorar, sin expresión de miedo, la imagen de su cara que no puedo sacar de mi cabeza era una imagen tranquila, serena, quizá porque ya estaba muerto. Lloré todo el sueño, lloramos. Lari y yo no parábamos de llorar. Ella trataba de consolarme por haber intentado de salvarlo, yo estaba orgulloso porque no la culpaba por haber metido al niño en la piscina. Buscábamos un momento positivo en esa tragedia. Lloraba y lloraba mientras me decía que ojalá fuera un sueño y luego yo mismo me aseguraba en la pesadilla que no, que esto no era un sueño. Desperté pero por unos minutos no me di cuenta que había estado soñando. El dolor que todavía sentía era tan intenso que comencé a llorar. A los pocos minutos volví a la realidad donde mi hijo estaba vivo. La sensación de haber perdido a un hijo la tuve durante todo el día de ayer. Solo la satisfacción de haber conocido esta mañana a Pep Guardiola ha hecho que despareciera el mal gusto de la muerte.

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