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Mi Chrysliter

Anoche dejé la ventana de mi Chrysler abierta. La humedad derritió el volante, dejando una grasa pegajosa en mis manos al primer contacto. Metí la mano en la mochila de mi hijo y no me quedó otro remedio que usar los calzoncillos de Power Rangers de Marcos. Así manejé todo el día.

Hoy mi coche cumple doce años de edad. Me inclino a pensar que las edades de los coches deben multiplicarse por siete, como sucede con los gatos, de cualquier manera mi amasijo de metal y recuerdos se asemeja más a un anciano de ochenta y cuatro años que a un adolescente de doce. El coche, en una ciudad como Miami, se convierte en parte fundamental de nuestras vidas, definiendo el carácter de las mismas, vehículo de nuestras creencias y compañero de experiencias.

Advierto, aunque no debería hacerlo porque en El Mortero no existe la censura ni a veces la mesura, que estoy hablando en términos generales, los sensibles que den un paso al costado por favor. Pero hay coches hechos a medida para ciertos individuos, o que automáticamente asociamos con un estilo de vida, por ejemplo:

– La mini van: madre con hijos
– El Jeep: el aventurero
– El Element: el deportista
– La pick up: el red neck
– El Escalade: el negro pimp
– El convertible rojo: tío en la crisis de la mediana edad
– El Lexus o Mercedes en una señora de mediana edad: el marido es rico
– El Lexus, BMW o Mercedes en una jovencita: el papi es rico
– El Lexus, BMW o Mercedes en un hombre: el tío es rico
– El mini cooper: el gay
– El Beetle en una mujer: la mina es una pija
– El Beetle en un hombre: el tío es regay
– El Honda Civic trucado: el gangero hispano
– El Chevrolet con luz en un costado y encima del techo: de policía
– El mismo Chrevrolet sin las luces en el techo: Taxista paquistaní
– Chrysler Sebring del 98: un tío muy tacaño

El coche se convierte irremediablemente en el vehículo para gritar al mundo en qué creemos, a que nos dedicamos o cuántos perros alimentamos. Sin lugar a dudas el auto dio paso a Facebook y a Twitter, de hecho la próxima aplicación de estos dos sitios será para el coche. Qué divertida será la Palmetto en las mañanas. ¡I’m lonely! ¡Drunk and horny! ¡Happy Birthday girl! ¡Papito, TQM! ¡OMG, she’s giving me a BJ! ¡Calenté un churrasco (by JMRotulo)! ¡Vota en Premio Lo Nuestro!

La cuestión es que quién no ha visto el pescadito de Jesús, o el My son is an honor student o el Obama 08, o por supuesto las ya populares figuritas de la familia de clase media alta (el papá, la mamá, el niño, la niña y el perrito). El coche deja de ser una simple lata con ruedas para ser el primer mensaje que mandamos al prójimo: soy demócrata, gay o triatleta.

En el coche sobre todo hablamos por teléfono, comemos o leemos. Solo las mujeres tienen la necesidad y habilidad de maquillarse. En el coche pegamos nuestro primer polvo con alguna de nuestras parejas. También tuvimos la última conversación,  la de la ruptura. Compañero de mil secretos que alguna vez nos dejó tirados, aunque lo más probable nos ha fallado menos veces que cualquiera que diga ser nuestro verdadero amigo.

Hoy mi coche cumplió doce años, y aunque sueño todos los días con el olor de mi próximo auto, el día que éste llegue, extrañaré con locura todas las aventuras que he vivido con mis chrysliter.

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