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Mi nostalgia

Escucho a Miguel Ríos y quiero ser pequeño otra vez. Extraño ser joven, Mallorca, mi casa, mi calle, mis amigos. Correr, ser rápido, comer lo que me de la gana. Dormir sin tiempos, salir sin reloj.

Extraño ver la vida desde el ayer, allí cuando no miraba hacia atrás porque no había nada más emocionante que la expectativa del futuro. Ahora el mañana no es sino otro día para seguir recordando el pasado. Las noches húmedas por el frío de Mallorca, la incertidumbre de los días tratando de imaginar con quién me casaría, o donde trabajaría, o simplemente si tendría dinero para vivir. Todos esos pensamientos me trastornaban. Ahora que tengo las respuestas a aquellas preguntas de niño inmaduro, extraño la imprecisión de los minutos por llegar, la poca planificación.

Escucho a Miguel Ríos y pienso en ayer.

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A todos los que crecimos en la calle

Hoy me llegó este texto de parte de Laura, una amiga de Teruel. Laura y Mapi son periodistas. Las conocí hace unos años cuando pasaron dos semanas con nosotros en Univision.com. Laura me pone al día de lo que pasa en España, pero no de lo que leo en El País, El Mundo o veo en el Telediario, sino de las novedades del pueblo.

Hoy me mando este texto que quiero compartir con todos aquellos que crecimos en nuestros países en las décadas de los 70 y 80 (quizá un poquito antes también). Disculpen los errores, no edité el texto.

El objeto de esta misiva es la de reivindicar una generación. La de todos aquellos que nacimos entre los 70 y 90 (un par de años arriba, años abajo), la de los que estamos currando de algo que nuestros padres ni podían soñar, la de los que vemos que el piso que compraron nuestros padres ahora vale 20 o 30 veces más, la de los que estaremos pagando nuestra vivienda hasta los ¡60 años!. Nosotros, no estuvimos en la Guerra Civil, ni en mayo del 68, ni corrimos delante de los grises, no votamos la Constitución y nuestra memoria histórica comienza con las olimpiadas del ’92. Por no vivir activamente la Transición se nos dice que no tenemos ideales y eso que sabemos de política más que nuestros padres y de lo que nunca sabrán nuestros hermanos pequeños y descendientes. Somos la última generación que hemos aprendido a jugar en la calle a las chapas, la peonza, las canicas, la comba, la goma, el rescate o el bote bote y, a la vez, somos la primera que hemos jugado a videojuegos. Hemos ido a parques de atracciones o visto dibujos animados en color. Los Reyes Magos no siempre nos traían lo que pedíamos, pero oíamos (y seguimos oyendo) que lo hemos tenido todo, a pesar de que los que vinieron después de nosotros sí lo tienen realmente y nadie se lo dice. Se nos ha etiquetado de generación X y tuvimos que tragarnos ‘bodrios’ como: Reality Bites, Melrose place o Sensación de vivir, que te gustaron en su momento, pero… vuélvelas a ver, verás que chasco. Somos la generación de Compañeros, de Al salir de clase…Lloramos con la muerte de Chanquete, con la puta madre de Marco que no aparecía, con las putadas de la Señorita Rottenmayer. Somos una generación que hemos visto a Maradona hacer campaña contra la droga, que durante un tiempo tuvimos al baloncesto como el primero de los deportes (Gracias Chicho!). Hemos vestido vaqueros de campana, de pitillo, de pata de elefante y con la costura torcida; nos pusimos bombers sin miedo a parecer skin heads. Nuestro primer chándal era azul marino con franjas blancas en la manga y nuestras primeras zapatillas de marca las tuvimos pasados los 10 años (Esas J’hayber!). Entramos al colegio cuando el 1 de noviembre era el día de Todos los Santos y no Halloween, cuando todavía se podía repetir curso. Fuimos los últimos en hacer BUP y COU, y los pioneros de la E.S.O. Hemos sido las cobayas en el programa educativo, somos los primeros en incorporarnos a trabajar a través de una ETT y a los que menos les cuesta tirarnos del trabajo… Siempre nos recuerdan acontecimientos de antes que naciéramos, como si no hubiéramos vivido nada histórico. Nosotros hemos aprendido lo que era el terrorismo contando chistes de Irene Villa, vimos caer el muro de Berlín y a Boris Yelsin borracho tocarle el culo a una secretaria; los de nuestra generación fueron a la guerra (Bosnia, etc.) cosa que nuestros padres no hicieron; gritamos OTAN no! bases fuera!, sin saber muy bien qué significaba y nos enteramos de golpe un 11 de septiembre. Aprendimos a programar el video antes que nadie, jugamos con el Spectrum, odiamos a Bill Gates, vimos los primeros móviles y creímos que Internet sería un mundo libre. Somos la generación de Espinete, Don Pimpón y Chema ‘el panadero farlopero’.Los q recordamos a Enrique del Pozo cantando con ganas abuelito dime tu…). Los mundos de Yupi y las pesetas rubias con la jeta de Franco en algunas de ellas. Nos emocionamos con Superman, ET, los Goonies o En busca del Arca Perdida. Los del bocata de chorizo y mortadela y también Phosquitos, los Tigretones eran lo mejor, aunque aquello que empezaba (algo llamado Bollycao) no estaba del todo mal. Somos la generación del coche fantástico, Oliver y Benjí… La generación que se cansó de ver las mamá chicho. La generación a la que le entra la risa floja cada vez que tratan de vendernos que España es favorita para un mundial. La última generación que veía a su padre poner la baca del coche hasta el culo de maletas para ir de vacaciones. La última generación de las litronas y los porros, y qué coño, la última generación cuerda que ha habido. La verdad es que no sé cómo hemos podido sobrevivir a nuestra infancia!!!! Mirando atrás es difícil creer que estemos vivos en la España de antes: Nosotros viajábamos en coches sin cinturones de seguridad traseros, sin sillitas especiales y sin air-bags, hacíamos viajes de más de 3h sin descanso con cinco personas apretujadas en el coche y no sufríamos el síndrome de la clase turista. No tuvimos puertas con protecciones, armarios o frascos de medicinas con tapa a prueba de niños. Andábamos en bicicleta sin casco, ni protectores para rodillas ni codos. Los columpios eran de metal y con esquinas en pico. Salíamos de casa por la mañana, jugábamos todo el día, y solo volvíamos cuando se encendían las luces. No había móviles. Nos rompíamos los huesos y los dientes y no había ninguna ley para castigar a los culpables. Nos abríamos la cabeza jugando a guerras de piedras y no pasaba nada, eran cosas de niños y se curaban con mercromina (roja) y unos puntos y al día siguiente todos contentos. Íbamos a clase cargados de libros y cuadernos, todo metido en una mochila que, rara vez, tenía refuerzo para los hombros y, mucho menos, ruedas!!! Comíamos dulces y bebíamos refrescos, pero no éramos obesos. Si acaso alguno era gordo y punto. Estábamos siempre al aire libre, corriendo y jugando. Compartimos botellas de refrescos y nadie se contagio de nada. Sólo nos contagiábamos los piojos en el cole. Cosa que nuestras madres arreglaban lavándonos la cabeza con vinagre caliente (o los más afortunados con Orión). Y ligábamos con los niñ@s jugando a beso, verdad y atrevimiento o al conejo de la suerte, no en un Chat. Éramos responsables de nuestras acciones y arreábamos con las consecuencias. Sabias que se rifaba una ostia si vacilabas a un mayor. No había nadie para resolver eso. La idea de un padre protegiéndonos, si trasgredíamos alguna ley, era inadmisible, si acaso nos soltaba un guantazo o un zapatillazo y te callabas. Tuvimos libertad, fracaso, respeto, éxito y responsabilidad, y aprendimos a crecer con todo ello. Eres tú uno de ellos?? ¡Enhorabuena! Pasa esto a otros que tuvieron la suerte de crecer como niños, antes de que todos estos niñatos que hay ahora que se creen algo y no tienen respeto ni educación a nadie destrocen el mundo en el que vivimos. GRACIAS!!! Un saludo a todos! Cuidaros y que os vaya bien!!

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El Mortero de Alicante

Hoy, el primer día de 2010, lo he pasado durmiendo. Ya a estas horas, las diez y diez de la noche, todavía con sueño, escaseo de temas para escribir ya que ni siquiera recuerdo algún sueño que haya podido escurrirse en mis largas horas de descanso. Por lo que decidí buscar El Mortero en Google. Que grata sorpresa la mía al encontrar este blog llamado El Mortero, de un chico de Alicante, donde a través de sus temas recorre los cambios arquitectónicos de mi ciudad natal. Sus comentarios son muy informativos, siempre con buenas intenciones, preocupado por la mejora de su ciudad. Se descifra con facilidad en sus líneas el amor que tiene por Alicante. Las mejoras en los alambrados, su crítica al edificio Roberto Pérez Guerras, su visión y preocupación por la Avenida Maisonnave, su enfado por el robo de las letras de La Isleta han hecho que sufra una nostalgia por una ciudad que nunca conocí. ¿Puedes echar de menos algo que no conoces? Yo nací en Alicante, 1976, porque no había hospital en Benidorm, donde regresé tres días después de nacer. A los cuatro años me fui a Mallorca y mi romance con Alicante era siempre de paso. En navidad, de camino a Murcia a ver a mis abuelos, desembarcábamos en Valencia y de Alicante recuerdo unas vías del tren, un paseo marítimo y poco más a través de la venta del Sinca 1200 de mi padre. A veces trato de imaginarme la ciudad donde nací, por eso digo que hoy al verla a través del tiempo en El Mortero he sufrido una cierta nostalgia.

Por cierto, que dejen los caramelos para los niños más jóvenes. Un saludo Juan

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