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Aburrido casi deprimido

Hoy tengo uno de esos días donde no me apetece hacer nada. De esos días donde la barba se acumula y no hay nada más cómodo que unos boxers amplios. Temprano en la mañana abrí la página treinta del Premio Nobel de Literatura de 2009, En tierras bajas de Herta Müller, para cerrarlo en la treinta y tres. Mientras leía en el sillón que nos regaló ayer mi cuñada, colocado entre dos ventanas en una esquina vacía de la casa, pensaba que necesitamos algo para colocar los pies. No sé si es hereditario o una malformación pero no puedo leer si no tengo los pies en alto. Recogí la cocina que ayer había quedado hecha un desastre tras el exitoso Bouef Bourguignon de Lari, y justo a la mitad del proceso me aburrí. Me fui al sofá. Abrí varios sitios en la computadora, los cerré, más de lo mismo, no hay noticias originales. Jugué una partida al Madden, me dio hambre. Preparé la barbacoa para hacer dos hamburguesas. Las cociné, corté el tomate, la cebolla, preparé una salsa rosa y ya no tenía hambre. Dormí en el sofá. Me despertó el aburrimiento. Jugué otra partida al Madden, perdí. Volvía a Herta pero esta vez me senté en el sofá de tres piezas que le compramos ayer a mi cuñada. Mirando hacia el jardín recordé que tengo que limpiar la piscina. Mientras pensaba cuándo la limpiaría me aburrí y cerré a la señora Müller. Volví al sofá. Pensé que hoy no tenía nada que contar, que estaba muy aburrido, casi depresivo. Entonces decidí contar precisamente eso pero ya me aburrí.

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