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El Garage Sale

Uno de los hobbies más americanos que existen es el Garage Sale. También conocido como yard sale, attic, moving o junk sale, esta tradición es quizá un pasatiempo que comprende  muchas de las características del gringo. Incluye una casa, primer requisito de la biblia del American Dream. Por su puesto la casa se llena de trastos gracias a la insaciable costumbre de comprar y comprar, además de la manía que tienen todos en este país de no tirar las cosas (yo soy igual). Una vez acumuladas al punto de la exageración se organiza la venta, otra de las especialidades de los gringos. Por su puesto para consumar el gran proceso del Garage Sale no podemos olvidarnos del regateo, donde mi suegra, mi padre y el resto de los americanos son unos expertos.

El más famoso del país es el Highway 127 Corridor Sale también conocido como The World´s longest Yard Sale que precisamente se celebra el primer jueves de agosto recorriendo más de mil kilómetros desde Michigan hasta Tennesse.

Yo no tengo mucha experiencia en esto. Después de mi transplante de riñón nos aficionamos al tema, saliendo dos o tres veces. Recuerdo comprar por 1 dólar todos los escritos de Shakespeare y Dawkins. Un telescopio que nunca funcionó y alguna que otra chorrada. Pero mi suegra y Larry, esos si son unos tigres. La casa completa en Virginia está amueblada y decorada con cosas compradas en Garage Sales. No he conocido una casa más acogedora en mi vida. Es preciosa, los detalles, las esquinas, la energía. Hay cuadros, muebles y cristales de muchísimo valor comprados por apenas unos cuantos dólares. Mi suegra fue la que encontró por 10 dólares la máquina de escribir que siempre quise y tanto busqué. Una L.C. Smith and Corona Sterling de 1932. Preciosa. (Foto arriba).

Ayer compré todas las pinturas de Salvador Dalí en dos volúmenes por 20 dólares. Demasiado caro según mi suegra. Y más caro todavía para mi suegra, una Underwood Universal de 1938, gris mate (foto derecha). En su caja de metal especialmente preparada para que los tanques no las aplastaran en  la segunda guerra Mundial. Se están vendiendo a 595 dólares. Pagué 40.

Siempre me pregunto lo mismo cuando voy de Garage Saling, ¿por qué la gente tira estas cosas? Esa es la magia de este hobby. La máquina de escribir que tenían llena de telarañas, en su caja, en una esquina del sótano durante 70 años, ahora brilla en mi salón como uno de los objetos más preciados que poseo.

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