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Viajo a España

Hoy mi amigo El Pelao intentará, en los próximos días, conseguirme un pasaje a España por menos de $300. Hace más de tres años que no voy a España, desde la navidad del 2007 al 2008, una eternidad. Me muero de ganas por caminar sus calles, escuchar sus ruidos, saborear su comida, pero sobre todo quiero abrazar a mi familia.

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Envidia

Hoy me encontré con este blog de Gabi en Madrid. Me partí de risa con el video de la obra de Cruz y Raya, bueno ahora es solo Cruz, o Raya, no sé. Me dio una nostalgia ver de nuevo el humor que tanto me ha hecho reír. Hace tres años que no voy a España y ya no aguanto más. Leí el post de Gabi de las tapas, la descripción de los platos, la boca se me hacía agua. Curioso como siendo yo español, la mayoría de términos que se manejan en el tapeo los he olvidado, o quizá nunca los aprendí.

Extraño España como a una hermana mayor. Me muero por caminar sus calles, escuchar sus típicos ruidos de los bares, los coches y las papelerías. Sus acentos y entonaciones, entender todo lo que escucho sin tener que pedir traducciones (cortesía de las tantas nacionalidades que hay en Miami). Me muero por un pincho de lomo, unos huevos fritos con morcilla de mi abuela o unos churros con chocolate de la plaza Mayor de Palma. Me fascinan las voces de los comerciales, me hacen sentir en casa. El Telediario, el fútbol narrado sin prisa, los programas de risa y los coleccionables de El País.

Me muero por regresar a España.

No os perdáis este blog de una mexicana en Madrid, está muy bueno. http://noestema.wordpress.com/

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La resaca

Hoy domingo sentí por primera vez la emoción de estar en una semifinal del Mundial. Quizá comparable al título de la Eurocopa, o no tanto, pero lo que sí es cierto y comparable es la sensación de nerviosismo y responsabilidad de haber llegado tan lejos. Por un lado estoy feliz por estar en semifinales, pero a la misma vez no puedo desatar la euforia, por eso mismo, por estar aquí y sentir tan cerca la final. Los nervios por clasificar al último partido son tremendos.

La cabeza la siento extraña. Como ya me pasara en el 2008, siento todo anestesiado, hasta la frente y las orejas. Es una sensación bien curiosa. Tengo escalofríos en todo momento y sobre todo tengo mucho frío.

Ya subo las fotos en un rato.

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Hoy va por todos vosotros

Hoy ganamos por el gol de Telmo Zarra en el 50. Por el robo del 34, por la moneda del 54, por Cardeñosa en el 78. Hoy tenemos que ganar por nuestro Mundial, el de 1982, por el gol de Platini a Arconada en el 84, por aquella goleada a Malta 12-1 un año antes. Por Butragueño y su gran partido en Querétaro, ciudad que años después me enamoró cuando visité con Lari a mi hermano Carlos. Por el 90, por la nariz de Luis Enrique en el 94, por Zubizarreta en el 98 y por qué no, por Pizzi. Por Raúl y el robo de Corea en el 2002, por el penalti del 2004, por la derrota de Francia del 2006. Hoy va por los campeones de Europa en el 2008, esos, menos ocho, que hoy quieren hacer historia clasificando por primera vez a una semifinal (la del 50 no la cuento)

Hoy ganamos por mi abuelo, aquel señor callado, simpático, que me enseñó a amar este deporte. Aquella persona que esperaba todo un año para verme en Navidad y preguntarme por todos los jugadores del Madrid, para asegurarse que no me había olvidado de lo que realmente era importante, el mismo que me contaba las historias de los Mundiales anteriores mientras paseábamos en sus viñedos desolados. Hoy va por mi hermano, que me enseñó a querer el fútbol más que a nada, a gritar los goles con pasión, y con quien me dormía agotado después de repasar todas las jugadas de Laudrup, Hierro y Zamorano. En días como hoy lo extraño más que nunca, su carisma, su bondad, su sonrisa. En días como hoy desearía estar a su lado para gritar los goles como nunca. Hoy va por todos los españoles que algún día lloramos desconsolados sin entender muy bien porque nunca pudimos celebrar. Hoy va por todos aquellos que alguna vez quisimos jugar al fútbol, sin importar a qué nivel, solo quisimos jugar, gritar e imaginarnos en un estadio repleto, llorando por nuestros aciertos. Hoy unos pocos privilegiados pueden acabar con una historia de penas, una historia de llanto.

Hoy va por el fútbol. Hoy va por España. Hoy va por todos vosotros.

Después de escribir esto, en la ducha, no he podido parar de llorar. Quizá por la distancia, o quizá porque esto me importa tanto, no sé y no me interesa. O quizá porque así podré disfrutar de los goles de hoy habiendo cumplido la cuota de llanto del día del partido. Lo más probable es porque recordé a mi abuelo y a mi hermano en el mismo mortero.

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Lo único que me importa es…

Todos tienen sus historias. Todos cuentan con ilusión y entusiasmo los temas que más les preocupan. Yo los miro, finjo que presto atención, incluso asiento con la cabeza, hasta a veces con un sí vacío, pero muchas veces no tengo ni puta idea de qué me están hablando. La mayoría. Y tampoco me interesa.

Algunos hablan del frío. Otros de lo poco que han visto de Johannesburgo. Muchos hablan de las largas horas de trabajo. La mayoría se queja del hotel, algunos de que no sirven comida en las noches. Por momentos oigo conversaciones de la seguridad, de que nos dejan pasar al IBC sin revisarnos, de que nadie mira el monitor y cuando lo miran ni siquiera entienden los colores de la pantalla. De que la comida tiene muchas calorías, de la distancia con la familia, de que el Internet en el hotel es una mierda. Otro grupo habla de la competencia, de otros canales de televisión. Si tienen más gente en la producción, o un mejor estudio, de qué personajes tienen en pantalla o de si sus programas hablan de fútbol las 24 horas. La audiencia es un tema común. De si somos los mejores o si alguien nos gana en números (que nadie entiende), en televisión, Internet o plataforma móvil. ¿Qué es ser los mejores? ¿Es la audiencia directamente proporcional a la calidad? El caso es que todos hablan de tema, muchos sin entender muy bien lo verdaderamente importante.

A mí me preocupan muchas cosas, pero solo me importa una. Me preocupa el frío, el no haber visto nada de Joburg, las horas de trabajo, el hotel, la comida, la seguridad, mi gordura, la audiencia, nuestro tráfico, el dinero, y muchos otros temas en los cuales me veo involucrado en diversas conversaciones. Sí, me preocupan todos ellos, pero en realidad no me importa ninguno. Mientras mi trabajo salga bien, no me importa estar gordo o si el canal de al lado tiene a Hristo Stoitchkov de invitado. A mí lo que me importa es la Selección español. A mí lo que me importa es el fútbol.

Me importa España y Fernando Torres. Me importa el tobillo de Xabi Alonso, el marcaje a Cristiano Ronaldo. Me importa que David Villa siga marcando y que sequemos a Thiago. Me importa que Gerard Piqué continúe inmenso y que Sergio Ramos se sume al ataque. Que Sergi Busquets sea el amo del mediocampo, con la ayuda de Xavi, que nos comamos a Portugal. Que Andrés Iniesta haya vuelto a ser el mismo, el temible, el fugaz. A mí lo único que me importa es que pasemos a cuartos de final, como sea. Me importa que España siga ganando, con frío o calor, con calorías o sin calorías, con un hotel de mierda o el Monte-Carlo Grand Hotel.

Lo único que me importa es que pasemos de ronda, que ganemos el Mundial.

PS: Cuando me queda algo de tiempo también me importa Lari y mis hijos. La distancia, sus caritas y sus risas. Los extraño pero trato de no pensar en ello. Para que voy a mentir, mi cabeza está llena de fútbol y de La Roja, España, los goles y sensaciones.

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Recuerdos de Calas de Mallorca

Es algo inevitable. En cuanto llega el verano, por mi mente navegan los recuerdos imborrables que Calas de Mallorca marcó en mi vida. Todos tenemos un lugar al que queremos regresar, el mío es Calas.

La piscina, los amigos, la playa, mis bicis, el fútbol, mis varias casas, las noches, las guiris, los polvos, las risas, las lágrimas, las charlas, Carlos, Álvaro, mis hermanos, mi familia, la tienda de mi madre, los helados.

Mañana empiezo poco a poco a plasmar quizá la mejor época de mi vida, al menos hasta ese momento.

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A todos los que crecimos en la calle

Hoy me llegó este texto de parte de Laura, una amiga de Teruel. Laura y Mapi son periodistas. Las conocí hace unos años cuando pasaron dos semanas con nosotros en Univision.com. Laura me pone al día de lo que pasa en España, pero no de lo que leo en El País, El Mundo o veo en el Telediario, sino de las novedades del pueblo.

Hoy me mando este texto que quiero compartir con todos aquellos que crecimos en nuestros países en las décadas de los 70 y 80 (quizá un poquito antes también). Disculpen los errores, no edité el texto.

El objeto de esta misiva es la de reivindicar una generación. La de todos aquellos que nacimos entre los 70 y 90 (un par de años arriba, años abajo), la de los que estamos currando de algo que nuestros padres ni podían soñar, la de los que vemos que el piso que compraron nuestros padres ahora vale 20 o 30 veces más, la de los que estaremos pagando nuestra vivienda hasta los ¡60 años!. Nosotros, no estuvimos en la Guerra Civil, ni en mayo del 68, ni corrimos delante de los grises, no votamos la Constitución y nuestra memoria histórica comienza con las olimpiadas del ’92. Por no vivir activamente la Transición se nos dice que no tenemos ideales y eso que sabemos de política más que nuestros padres y de lo que nunca sabrán nuestros hermanos pequeños y descendientes. Somos la última generación que hemos aprendido a jugar en la calle a las chapas, la peonza, las canicas, la comba, la goma, el rescate o el bote bote y, a la vez, somos la primera que hemos jugado a videojuegos. Hemos ido a parques de atracciones o visto dibujos animados en color. Los Reyes Magos no siempre nos traían lo que pedíamos, pero oíamos (y seguimos oyendo) que lo hemos tenido todo, a pesar de que los que vinieron después de nosotros sí lo tienen realmente y nadie se lo dice. Se nos ha etiquetado de generación X y tuvimos que tragarnos ‘bodrios’ como: Reality Bites, Melrose place o Sensación de vivir, que te gustaron en su momento, pero… vuélvelas a ver, verás que chasco. Somos la generación de Compañeros, de Al salir de clase…Lloramos con la muerte de Chanquete, con la puta madre de Marco que no aparecía, con las putadas de la Señorita Rottenmayer. Somos una generación que hemos visto a Maradona hacer campaña contra la droga, que durante un tiempo tuvimos al baloncesto como el primero de los deportes (Gracias Chicho!). Hemos vestido vaqueros de campana, de pitillo, de pata de elefante y con la costura torcida; nos pusimos bombers sin miedo a parecer skin heads. Nuestro primer chándal era azul marino con franjas blancas en la manga y nuestras primeras zapatillas de marca las tuvimos pasados los 10 años (Esas J’hayber!). Entramos al colegio cuando el 1 de noviembre era el día de Todos los Santos y no Halloween, cuando todavía se podía repetir curso. Fuimos los últimos en hacer BUP y COU, y los pioneros de la E.S.O. Hemos sido las cobayas en el programa educativo, somos los primeros en incorporarnos a trabajar a través de una ETT y a los que menos les cuesta tirarnos del trabajo… Siempre nos recuerdan acontecimientos de antes que naciéramos, como si no hubiéramos vivido nada histórico. Nosotros hemos aprendido lo que era el terrorismo contando chistes de Irene Villa, vimos caer el muro de Berlín y a Boris Yelsin borracho tocarle el culo a una secretaria; los de nuestra generación fueron a la guerra (Bosnia, etc.) cosa que nuestros padres no hicieron; gritamos OTAN no! bases fuera!, sin saber muy bien qué significaba y nos enteramos de golpe un 11 de septiembre. Aprendimos a programar el video antes que nadie, jugamos con el Spectrum, odiamos a Bill Gates, vimos los primeros móviles y creímos que Internet sería un mundo libre. Somos la generación de Espinete, Don Pimpón y Chema ‘el panadero farlopero’.Los q recordamos a Enrique del Pozo cantando con ganas abuelito dime tu…). Los mundos de Yupi y las pesetas rubias con la jeta de Franco en algunas de ellas. Nos emocionamos con Superman, ET, los Goonies o En busca del Arca Perdida. Los del bocata de chorizo y mortadela y también Phosquitos, los Tigretones eran lo mejor, aunque aquello que empezaba (algo llamado Bollycao) no estaba del todo mal. Somos la generación del coche fantástico, Oliver y Benjí… La generación que se cansó de ver las mamá chicho. La generación a la que le entra la risa floja cada vez que tratan de vendernos que España es favorita para un mundial. La última generación que veía a su padre poner la baca del coche hasta el culo de maletas para ir de vacaciones. La última generación de las litronas y los porros, y qué coño, la última generación cuerda que ha habido. La verdad es que no sé cómo hemos podido sobrevivir a nuestra infancia!!!! Mirando atrás es difícil creer que estemos vivos en la España de antes: Nosotros viajábamos en coches sin cinturones de seguridad traseros, sin sillitas especiales y sin air-bags, hacíamos viajes de más de 3h sin descanso con cinco personas apretujadas en el coche y no sufríamos el síndrome de la clase turista. No tuvimos puertas con protecciones, armarios o frascos de medicinas con tapa a prueba de niños. Andábamos en bicicleta sin casco, ni protectores para rodillas ni codos. Los columpios eran de metal y con esquinas en pico. Salíamos de casa por la mañana, jugábamos todo el día, y solo volvíamos cuando se encendían las luces. No había móviles. Nos rompíamos los huesos y los dientes y no había ninguna ley para castigar a los culpables. Nos abríamos la cabeza jugando a guerras de piedras y no pasaba nada, eran cosas de niños y se curaban con mercromina (roja) y unos puntos y al día siguiente todos contentos. Íbamos a clase cargados de libros y cuadernos, todo metido en una mochila que, rara vez, tenía refuerzo para los hombros y, mucho menos, ruedas!!! Comíamos dulces y bebíamos refrescos, pero no éramos obesos. Si acaso alguno era gordo y punto. Estábamos siempre al aire libre, corriendo y jugando. Compartimos botellas de refrescos y nadie se contagio de nada. Sólo nos contagiábamos los piojos en el cole. Cosa que nuestras madres arreglaban lavándonos la cabeza con vinagre caliente (o los más afortunados con Orión). Y ligábamos con los niñ@s jugando a beso, verdad y atrevimiento o al conejo de la suerte, no en un Chat. Éramos responsables de nuestras acciones y arreábamos con las consecuencias. Sabias que se rifaba una ostia si vacilabas a un mayor. No había nadie para resolver eso. La idea de un padre protegiéndonos, si trasgredíamos alguna ley, era inadmisible, si acaso nos soltaba un guantazo o un zapatillazo y te callabas. Tuvimos libertad, fracaso, respeto, éxito y responsabilidad, y aprendimos a crecer con todo ello. Eres tú uno de ellos?? ¡Enhorabuena! Pasa esto a otros que tuvieron la suerte de crecer como niños, antes de que todos estos niñatos que hay ahora que se creen algo y no tienen respeto ni educación a nadie destrocen el mundo en el que vivimos. GRACIAS!!! Un saludo a todos! Cuidaros y que os vaya bien!!

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