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El pan y la mantequilla

Maldito carbohidrato, te extraño como el mar extraña al río. Azúcar desgraciada, te necesito como las flores necesitan el sol. Estas primeras 48 horas sin vosotros han sido las más duras, os echo en falta como lo hace la orilla a sus olas.

Me corre la sangre mientras siento como la misma me araña la piel, no son hormigas, son cucarachas lo que siento por mis brazos y piernas correr de arriba abajo. No estoy de mal humor, tengo la actitud de Harry el sucio después de que su mujer le pusiera los cuernos, perdiera todo su dinero en Las Vegas y un taxista atropellara a su hijo, todo en una misma tarde.

La ansiedad me corroe como la humedad a la escalera del faro. Quiero salir corriendo para así dar esquinazo a esta irritación, aunque resulta que la muy puta tiene el récord de 100 metros atrapando gilipollas como yo que cortan de raíz el carbohidrato y el azúcar. Hoy fui a comer con unos amigos, yo pedí ensalada, vegetales y una pechuga de pollo. Mientras esperaba la comida un trozo de pan descansaba encima de la mesa, más allá un paquetito de mantequilla, los dos me miraban fijamente, yo los miraba de reojo. De repente sucedió. Comenzó una absurda conversación:

–    Psst, psst –dijo el pan.
–    ¿Quién yo? –le respondí.
–    Claro, tú, quién más iba a ser idiota –dijo la mantequilla.
–    ¿Qu… qué queréis? –dije.
–    Que me untes en este tío y nos comas –respondió la mantequilla.
–    ¿Pe… pe… pero es que no estoy comiendo carbohidrato? Estoy a dieta –continué.
–    Jajaja a dieta, idiota. Úntame la guarra esta y cómeme, idiota, no ves que soy integral –dijo el pan.
–    Ya. Y.. y eso es mejor, ¿no? –pregunté.
–    ¿Mejor pa quién? A mi me gustan más blanquitos y con mucha molla. –Dijo la mantequilla.
–    Sí, pero esos, vaya que si engordan, joe… -respondí con seguridad.
–    Engordas tú, idiota. Dale, venga joder, que si no me comes lo hará la camarera de camino a la cocina y esa no me mastica, me engulle sin respirar la muy guarra. –interrumpió el pan.
–    No, dejadme en paz. Aquí viene mi ensalada. Ya, callaos ya. Dejadme en paz, solo quiero mi ensalada, –continué entre gritos.
–    ¿Qué te pasa Joaco? Si nadie te va a quitar la comida. –Interrumpieron mis dos amigos.
–    Ah.. es qu.. es qu… es que el pan y la mantequilla me estaban hablando, -les dije avergonzado.
–    Oookeeeyy. Ya. Vaya macho. La dieta esa te tiene fino –respondieron bajando la cabeza y centrándose en su bistec.
–    Jijiji ¿ves, gilipollas, lo que pasa por no comernos? –gritaba el pan mientras se alejaba en la mano de la camarera. ¡Idiota! ¡Subnormal! ¡Qué dieta ni que ochocuartos! ¡Me hubieras comido cabrón!

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Dieta en las fiestas

En tres semanas de “dieta”, y digo “dieta” porque lo único que estoy haciendo es tomar unos batidos en la mañana y la noche, y comiendo sano al medio día, he bajado cuatro libras y siete centímetros de barriga. Muy poco pensaréis, sí, es cierto, y es que no me he portado lo bien que debería, con uno o dos días a la semana donde me excedo un poco. Esta semana quiero intentar comer sano los siete días pero ya sé que Noche vieja cenaré cosas que no debo, por eso, como dice mi roommate Adrián: “hago dieta para comer lo que me dé la gana”. Bueno, él no dice lo que me dé la gana porque es mexicano, y esa expresión es bien española. Esta semana tomaré esa filosofía, hago dieta para el 31 comer lo que quiera.

Es muy jodido hacer dieta en las fiestas. En mi trabajo hay comida todos los días, cuando salgo a comer durante la semana todo el mundo quiere atracarse, en los días de reunión hay tres veces la comida que uno puedo comer. Es algo genético, tradición de años y años de nuestros antepasados que no podemos cambiar solo con fuerza de voluntad. Hay una conexión en lo más profundo de nuestros seres entre comer y beber sin control que va asociado a las celebraciones. No concebimos una boda, una cena entre amigos o una Noche buena sin exceso de comida y bebida. Así estamos programados. Imaginaros una boda que sirviera ensalada de quínoa y un trocito de pollo hervido, y para beber agua. No sería una boda. O una celebración de Navidad sin vino, ni pavo, ni cerdo o cordero, sin queso ni jamón, sin pan.

Nada, disfrutemos los últimos días que nos quedan de poder comer sin remordimiento, o al menos con motivo justificado para ya volver a nuestra tortura la semana que viene.

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Ensalada

Sigo bajando de peso. Llevo comiendo ensalada tres días. Y raps con ensalada. Y pescado asado con ensalada. Y pollo asado con ensalada. Y hoy salmón con hongos, y ensalada. Me siento ligero. Me siento ensalada.

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Recetas de El Mortero

Pues nada, que mi hermano piensa que soy gay porque me gusta que me den masajes. No quiero ni pensar que dirá cuando lea que a partir del sábado, día que termina mi dieta, en dicha sección mencionaré las recetas más ricas que estamos preparando Lari y yo con nuestro nuevo estilo de vida.

Hoy os regalo el lomo de cerdo con acelgas y calabaza
Ingredientes:
1 trozo de lomo de cerdo por persona
1 manojo de acelgas
Media calabaza mediana
4 ajos grandes
2 cucharadas de mantequilla
Sal
Pimienta
Mostaza
Duración: 20 minutos
Preparación: En una sartén pones una cucharada de mantequilla a derretir a fuego medio y echas la calabaza. Una vez esté dorada echas dos dientes de ajo finamente picados y las acelgas, sal y pimienta. Dar vueltas hasta que las acelgas estén mareadas. Al lomo de cerdo lo sazonas con sal y pimienta, le untas mostaza suficiente para que quede cubierto por los dos lados y le colocas los ajos encima cortados bien finitos. En esa misma sartén, después de sacar las acelgas y la calabaza derrites la otra cucharada de mantequilla para saltear vuelta y vuelta el lomo hasta que quede cocinado.

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El 2 de mayo hago un triatlón olímpico

Siempre he tenido una peculiar manera para no motivarme con las cosas que me molestan. Por ejemplo, la gente que sufre por no hablar inglés, suele aprender. Si te ofuscas por no saber escribir en la computadora con todos los dedos, vas a clase. El que no tiene ropa nueva, compra. El que se enferma, toma medina. Y sobre todo, el que está gordo, hace dieta. Bueno, yo no soy así.

Veo otros triatletas en el Publix (ayer) y los envidio. Quisiera estar flaco y atlético, pero no hago nada al respecto. ¿Por qué será? Me quejo todos los días pero no pongo remedio. Sentado en el palco del Pro Bowl miro hacia abajo por donde asoma le relieve grotesco de mi barriga y mis tetas. Me dan asco. Hoy debí haber hecho la media maratón para la cual entrené cuatro meses, una lesión en el abductor me dejó fuera. Desmotivado por no competir, o quizá más aún por no poder entrenar para el half ironman de mayo ya que el equipo por el cual fiché se desintegró antes de formarse, pienso que necesito otro reto y me di cuenta que es la única manera que yo reaccione, con un plan, con una meta.

Así es que empecé a escribir todos los días, poniéndome la meta de hacerlo a diario, y no he fallado. Por lo que hoy me propongo el siguiente reto: bajar 20 libras de aquí al 2 de mayo para competir en el triatlón olímpico de Mack Cycle en Key Biscayne.

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