Archivo de la etiqueta: Cuento

El amante de Federico García Lorca

Hoy mi abuelo intentó besarme. Pero no uno de esos besos húmedos y ásperos con rastro de Ducados sino un beso de amante, en la boca. Me tocó la pierna y salí corriendo. Años más tarde me pidió perdón, cuando ya toda la familia sabía que era homosexual. Mucho tiempo después, durante una mañana de otoño fría me dijo que lo siguiera a su cuarto.

– Lo que te voy a enseñar- me dijo- no lo ha visto nadie.

Entre un paquete de tabaco descolorido, una pipa de caoba y unas fotos viejas en las cuales no pude reconocer a nadie, mi abuelo sacó unos sobres. Algunos sellados en España, otros en Bogotá, todos entre 1934 y 1936.

¡Alto pinar!
Cuatro palomas por el aire van.

Cuatro palomas
vuelan y tornan.
Llevan heridas
sus cuatro sombras.

¡Bajo pinar!
Cuatro palomas en la tierra están.

Mi abuelo pasó unos minutos leyendo poemas de amor, otros de odio y muchos de nostalgia. Me preguntó si sabía quién los había escrito.

– Federico García Lorca- me contestó.

Puso la caja metálica en el suelo mientras se solapaba un lado sobre el otro de su chaqueta de lana. Comenzó su relato: cuando era joven, era igual de inquieto que tú. Bogotá era una ciudad muy clásica donde no había lugar para un chico puto que quería ser actor. El verano del 27 llegó la famosa actriz Margarita Xirgú, interpretando Mariana Pineda. Esa tarde me ofrecí a la compañía. Yo sabía coser, bordar, cocinar y trabajaría horas sin dormir por una oportunidad de salir de Colombia y poder actuar. Ya en Granada, ese mismo año conocí a Federico. Fuimos amantes durante muchos años, nada estable. Él viajaba mucho con su compañía de teatro, yo lo esperaba en Granada. La situación política en España era complicada y los rumores sobre su homosexualidad muy fuertes. Nos veíamos ya muy poco, cuando en el 34 me aconsejó que me marchara del país. En cualquier momento estalla una guerra, siempre me decía. Le hice caso. Dos años después lo fusilaron. Federico García Lorca me salvó la vida.

Ya en Colombia conocí a tu abuela. A ella no le importaba que desapareciera dos días con mis amigos. Siempre de mis juegos. Mientras el negocio diera para criar a tu padre, ella era feliz. También yo sabía de sus esporádicos amantes. Ahora estas cartas son tuyas, son la prueba de nuestra clandestina relación. Solo te pido que cuando seas mayor les des vida, escribe un libro.

Y eso hice.

3 comentarios

Archivado bajo Cuento

Virginia

El sueño me tiene paralizado. Los párpados me pesan, no puedo mantener los brazos en el volante. Las piernas las tengo dormidas y los pies hinchados tras 16 horas sin parar de conducir. Son las cinco y ocho de la mañana, domingo. Los cristales de mi auto están fríos, empañados también por el calor que desprendo. La carretera es de dos vías, amplía, rodeada de un bosque denso de hojas marrones, rojas y amarillas. La lluvia es ligera. La niebla es suave. Es un trayecto solitario. En las últimas horas me he encontrado con escasos autos. Atrás quedó el letrero de Emporia a 8 millas. A lo lejos veo una mancha blanca que no puedo descifrar entre la niebla. Es brillante y a medida que me acerco va tomando forma de persona caminado a la orilla de la carretera. En pocos segundos la rebaso a toda velocidad. Es una mujer en su vestido de boda. Freno lo más bruscamente posible sin perder el control de mi coche. Me detengo por unos segundos, la puedo ver como camina hacia mí iluminada por una intensa luz roja. Está empapada, descalza y llorando. Al llegar a la altura de mi auto siento miedo pero bajo la ventana del pasajero.

– Hola ¿estás bien?- le digo.
– ¿Puedo?- contesta señalando el interior de mi coche.
– ¿Estás bien? ¿Qué haces sola a estas horas caminando en la carretera? ¿Dónde te llevo?- balbuceo con la boca seca, a penas sin poder tragar.
– Estoy esperando. Más adelante hay un pueblo.- responde serena.
Sigue leyendo

Deja un comentario

Archivado bajo Cuento