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Pude ser actor, pero no

Esa semana me sentí útil. Tanto, que hasta pensé que el cine podría formar parte de mi futuro. Era una época complicada, a mis veinte era demasiado mayor para estar en el colegio, demasiado joven para tener un trabajo estable. Demasiado inmaduro para saber qué me llenaba, muchos conflictos que discutían continuamente en mi cabeza. Esa semana, grabando el cortometraje que subí al mortero ayer, marcó un antes y un después. Confirmó qué podría ser alguien en este país, que el idioma y mi distinta idiosincrasia podrían convivir con el nuevo mundo. Me vi en amigos como David o Lucas, quise ser como ellos de mayor. Semanas después grabé un comercial, algo aburrido en los campos desiertos de Tamiami, donde lo único que conseguí fue el teléfono de la gringa de la compañía del catering, un rubia que me sacaba diecisiete años, con un novio en la cárcel y unas tetas que daban sombra a todos los bocadillos de jamón y queso de su carrito. Nos vimos una sola vez, en un barco en Key Biscayne, donde ella “vivía” y cuidaba por un favor a un amigo. Allí estaba ella, esperándome con cinco latas de Budweiser vacías, la sexta en la mano, y un puro, de aquellos que fumaba mi padre, en la boca. De un toque me llevó a la proa del barco, a un litera claustrofóbica, en un colchón que apestaba a meado, su boca a habano y cerveza, sus tetas a sal, en el suelo dos cucarachas vivas. Salí corriendo. En ese barco terminó mi carrera cinematográfica.

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Comercial del Super Bowl suspendido por su contenido sexual

Cada día menos me sorprenden las decisiones de algunas mentes conservadoras de Estados Unidos. La cadena NBC ha prohibido un comercial de PETA donde unas modelos en ropa interior se entretienen con unos vegetales.

Ojalá ya estén de regreso en El Mortero después de disfrutar del video y de Amanda. Pensé no poner el link tan arriba por eso mismo, para que no se perdieran en la página de PETA. En fin, como habrán podido ver, o no ver, es un escándalo que prohíban ese comercial, es ridículo.  No hay pepinos, ni fresas, solo calabazas y brócoli. Por ser vegetariano no se ve ni la carne de las modelos, se advierte que están en ropa interior pero no se disfruta ni una curva. Si estos fachos nos hubieran censurado los anuncios de Dove donde se veían los senos, o los cuerpos Danone, o los clásicos de la Serie Rosa (ya sé que esto no era un anuncio, pero si la hubieran prohibido yo sabría mucho menos de sexo de lo poco que ya sé), sin todas esas visiones explícitas e implícitas ni yo, ni gran parte de los jóvenes españoles de la era post-Franco hubiéramos creado este apetito por el sexo y sus alrededores, y eso sí hubiera sido una tragedia.

A lo que quería llegar, y no sé si lo conseguí, quizá ni lo intenté es que no beneficia más que a PETA.org esa censura ridícula. Ahora, sin haber pagado los $3 millones por 30 segundos que pedía NBC conseguirá ser el comercial más visto del año, lo verán todos los niños del país (que quizá durante el Super Bowl ni se hubieran percatado porque siempre aprovecha uno para ir al baño o rellenar el bowl de salsa para los Tostitos) pero esos mismos niños, que sintieron la represión y pensaron que hacían algo prohibido al ver este comercial erótico, crecerán pensando que el sexo y la verdura son malos. Esos niños comerán carne, pizza y slooppy joes mientras se masturben a escondidas pudriéndose en sus remordimientos para de mayores acabar en el sitio del condado, con un puntito rojo encima de su vivienda, alertando a los vecinos de que ahí vive un depredador sexual con antecedentes penales.

Recuerden, mezclen el sexo con la verdura, o la verdura con la carne o la pasta, antes o después, o durante que todo adelgaza.

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