Literatura

El helado de Parchita

Una gota de sudor le resbalaba por su cuello lentamente, y tras deslizarse suavemente, como saboreando su piel, se perdió en su escote. A pesar de que acababa de llegar el verano la temperatura era alta. La humedad hacía a Riana sudar, se sentía pegajosa y el ventilador chiquito de plástico que funcionaba a pilas no era suficiente para refrescar su gentil cuerpo. Su pelo negro rizado siempre estaba recogido en lo alto de su cabeza. Como lo hacía antes de salir de casa en las mañanas, con rapidez y con una goma cedida vieja, varios bucles le colgaban todo el día, como intrusos en su cara, Riana se los desplazaba con grandes resoplidos hacia el cielo. Lee el cuento completo.

En las alturas

Me dispongo a escribir. El crujido de mis metacarpianos me dice que mis dedos están listos para comenzar el baile con las teclas. La presión no podría ser mayor, en cinco horas llego a San Francisco y necesito haber terminado el último cuento para completar la serie de doce que me ha exigido la editorial. Tras horas de inspiración, donde nada llega a mi cabeza pienso en las sabias palabras de Umberto Eco: “La literatura se crea con un veinte por ciento de inspiración y un ochenta por ciento de transpiración”. Lee el cuento completo.

El Triciclo

Marcos baja las escaleras, antes de llegar al rellano puede ver el triciclo aparcado en el salón de su casa. Es rojo, de ruedas de goma negra, el manillar ligeramente oxidado y manguitos negros con unos flecos que cuelgan casi hasta tocar el suelo. Es su tercer triciclo, aunque los dos anteriores los había ignorado y ahora descansan olvidados en la terraza, éste es especial. Lee el cuento completo.

AZ586

La luz fría es escasa pero suficiente para descifrar sus preguntas en el papel. Los barrotes están helados, los siente en sus antebrazos como dos cuchillas oxidadas. En una mano una grabadora sucia, en la otra un cigarro consumido. Un maletín viejo de piel marrón descansa junto a la silla incómoda que se balancea sobre sus patas delanteras. Una gota de sudor se desprende por su patilla izquierda cara abajo.  Lee el cuento completo.

Fratelli Guastalla

Con la curiosidad que un gato se aproxima a un extraño abrió la caja Sofía, mientras su padre la miraba sigiloso, expectante, recordando las horas de sacrificio que había invertido en su regalo. Los ahorros de seis años, las ilusiones de su humilde familia, todo lo que tenía lo había dedicado sin arrepentimientos en su obra, solo para complacer el último deseo de su esposa Fiorella. Ella murió días antes de que Alfredo comenzara a fabricar el regalo de Sofía. Siempre estuvo segura que algún día su hija los sacaría de la miseria, pero para ello necesitaría una herramienta acorde a su talento. Lee el cuento completo.

El monstruo

Terminaron las doce horas de luz y se fueron poco a poco abriendo las puertas de todas las casas de la aldea. El sol se había ocultado casi por completo. Tan solo quedaban los últimos rayos que se escurrían entre las ramas del bosque que rodeaba los caminos del pueblo. Tímidamente, con pasos cautelosos, los vecinos salían lentamente de sus casas mirando hacia su alrededor con preocupación, asegurándose que el peligro hubiera pasado. Lee el cuento completo.

El viaje

El avión tocó tierra a las once de la noche hora local. Era viernes, pero en Sydney el reloj marcaba ya la una de la tarde del sábado. Había perdido la cuenta de las horas que llevaba viajando, y sobre todo el tiempo que llevaba sin dormir. Se sentía pegajosa, con el dolor de cuello típico que tenía cuando viajaba semanalmente a Singapur. El aire caliente y la humedad le golpearon en la frente, dejándola aturdida al abrirse las puertas de la Terminal A del aeropuerto. Lee el cuento completo.

6 Respuestas a “Literatura

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