Archivo de la categoría: Viaje

Key West

1001466_10151766577067214_1543572393_nViajamos a Key West, la tierra de Hemingway, ahora de vagabundos, retirados y homosexuales. La ciudad del sur, tan cerca de Cuba y tan lejos de la isla. En sus calles contrastan el tiempo detenido en sus casas, en las caras de muchos que esperan sin estrés la muerte, con aquellos que muestran  sin vergüenza su prisa por vivir. Sexo, turistas, historia, rincones. Lugar exacto para volver a escribir. Vista exquisita para sacar la cámara de su escondite.

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Love

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Viernes, 21 junio, 2013 · 5:50 pm

El pasado

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Jueves, 20 junio, 2013 · 5:48 pm

The Keys

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Miércoles, 19 junio, 2013 · 5:46 pm

No me caso en Nueva York

Nueva York es diferente. A todo, a cualquier ciudad. Sus calles son más ruidosas, la gente más creída. Los edificios son más grandes, claro, pero hacen que la gente se sienta más grande también. Muchos, no todos, algunos digamos, se creen superiores. Lo oyes en la radio, lo ves en la tele, lo escuchas de sus deportistas pero cuando llegas a NY lo compruebas con cualquier pardillo. Hasta los malandros caminan por la calle como si fueran los únicos delincuentes del país. Lo cierto es que pocos son de aquí. Ciudad de hijos adoptivos que en poco tiempo cambian su lugar de origen por el orgullo de ser parte de la manzana. Todos, muchos digamos, con sus cables blancos colgando de los oídos, en su mundo, metidos en su música. Caminando por la calle veo algunas caras de soledad. ¿Se sienten solos muchos, digamos la mayoría aquí en Nueva York? Podría ser. Están lejos de sus familias, es un ciudad frenética, te consume el trabajo. Esa gente es la que me molesta, toda la gente. Estoy acostumbrado a los espacios grandes, habitaciones amplias, lugares pocos concurridos. En Nueva York es todo lo contrario, las oficinas son pequeñas, las habitaciones de hotel diminutas y la gente está siempre muy cerca de ti. Me molesta tener tanta gente y tan cerca. En fin, que a mí Nueva York me gusta, pero como dice un amigo argentino: “hasta ahí nomás”. Donde se ponga mi calle sin coches llena de árboles, que se quite esta Quinta avenida de ocho carriles por lado, por lo menos. La playa de Miami, o un centro comercial de esos tranquilos. Abrir la puerta de tu casas y subirte en tu coche, joder, que tiene que ser mejor que tratar de pillar un taxi en esta locura. Nueva York me abruma. De todas maneras, de vez en cuando, digamos que no para siempre, pasar un par de días aquí no está mal.

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I want to fly with you

and I want to travel with you.

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Cornerstone

I won’t ever be your cornerstone.

Hoy pasé todo, todo el día en cama. No dormí bien porque mi compañero roncó toda la noche. Bajé a desayunar y volví a la habitación. Escribí unas cosas para una clase de teatro contemporáneo español, vi cuatro capítulos de American Horror Story, dormí como un león. Ahora vamos a un tour fantasma de la ciudad, imagino que una chorrada donde nos contarán las historias del “French quarter” sus espíritus, sus fantasmas, sus miedos y sus inventos. Luego cenaré algo rico, y otra vez a dormir.

Mientras tanto, vamos la hostia que el Granada no nos puede ganar.

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Bourbon Street

Hace tiempo que no extraño. Ya no entro en aquellos lugares oscuros, sin salida, donde me golpeaba la cabeza con las paredes, donde mi ego mordía las esquinas, lugares sin ventanas, calurosos. Hace tiempo que no doy vueltas sobre mi mismo. Cuando mis pensamientos se enredaban más y más, mientras mi cabeza trataba de cortar por algún lado. A veces tengo miedo de volver a ese lugar. Quizá el alcohólico que cuenta los días siente lo mismo, que simplemente es una etapa, pero alcohólico siempre será alcohólico por lo tanto en cualquier momento volverá a beber. Yo no bebo. Y tampoco quiero volver a emborracharme de ego, narcisismo y paredes manchadas en una habitación oscura. Me voy a Bourbon Street, esa famosa calle llena de personas poco interesantes. Hoy quizá menos aún, gente que puede pagar miles de dólares para estar en este lugar, fanáticos del alcohol y el deporte. Por más que me gusta este partido, además de que debo no perderme este espectáculo, a la misma vez preferiría quedarme en el hotel. Por eso iré a cenar algo rico, típico de la zona de Louisiana, veremos algunas tetas, gente borracha, gilipollas en potencia y regresaré a la habitación a ver American Horror Story.

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Amsterdam

Ayer me preguntaron si había estado en Amsterdam, y sí, sí he estado. Me preguntaron que qué me pareció la ciudad a lo que contesté que me gustaron algunas cosas, otras no. De Amsterdam me gustó la arquitectura, la elegancia de sus edificios, sus calles asimétricas, sus farolas, los comercios y los bancos elegantes al pie de la calle. Me sorprendió la cantidad de bicicletas, lo bien organizado que está el tráfico a pesar de la cantidad de bicis que circulan por sus calles. La gente monta bicicleta porque cree en el sistema, no por conveniencia. Mes gustó la comida. Me gustaron las rubias.

De Amsterdam no me gustó el sello americano. Lo poco auténtico de su barrio rojo, pensé que sería más bohemio, menos comercializado al estilo americano. Y ahí está el problema de Amsterdam, que hay muchos americanos. Porque el gringo desensibiliza los lugares. El gringo los convierte en comunes. En Amsterdam encontré muchísima gente joven, gringos con dinero que llegan a Europa con una mochila porque es “cool”. Gringos sin historia que buscan pasar el mejor mes de su vida, para luego regresar a sus materiales y plásticas historias. El problema del gringo es que no tiene cultura y tampoco clase. Su sello es una gorra, pantalones anchos, comentarios ignorantes y mucha cerveza. Por eso Amsterdam pierde un poco su esencia desde el momento que se infecta de gringos. Partidos de béisbol en las televisiones de los bares, jóvenes borrachas arrodilladas en el suelo gritando “this is the best day of my life” y otros con su pelo corto y sus camisetas anchas admirando las putas en sus escaparates. Amsterdam repleto de americanos deja de ser auténtico para convertirse en Cancún con algo más de historia.

Eso es lo que opino de Amsterdam.

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Live your own life

M83 – Outro
I’m the king of my own land.
Facing tempests of dust, I’ll fight until the end.
Creatures of my dreams raise up and dance with me!
Now and forever, I’m your king!

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