Archivo de la categoría: Relato

Desmond

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Mallorca 2014

Hay lugares que nunca olvidaré. Las escaleras de la tienda del Simonet o la plaza del centro o la música del hotel Canarios. Lugares que no significan mucho para algunos sin duda, para otros un días de sol en Mallorca, pero para mí son más que unos recuerdos vivos, es esa conexión que no puedo perder, para no olvidar jamás. Unos días interminables, sin un futuro claro o cercano, sin dudas o planteamientos existenciales, solo una historia tras otra, con el mismo principio y el mismo final.

Recuerdos de niño, de un viejo. Recuerdos de un flaco, de un gordo. Recuerdos de un joven, hoy padre. Recuerdos para revivirlos de nuevo. Muy pronto.

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Mis pies

Nunca he sido uno de esos que se muere por los pies. En realidad no los miro, ni siquiera sé cómo lucen en mi mujer. Otros los ponen como requisito, les fascinan, los acarician, admiran y una serie de acciones que no quiero recordar. Esto de buena fuente. La cuestión es que yo soy de los gemelos para arriba. Prefiero los muslos, el estómago, el cuello, cosillas más “normales” digo yo. ¿Los pies? Pues para llevar unos buenos zapatos de tacón, o unas chanclas divertidas o un buen par de asics, pero nada más.

Hoy, en mi pedicura mensual volví a admirar mis pies. Las mujeres de las cómodas sillas de los costados los miran con envidia. De reojo observan el tamaño, imaginado cualquier cosa, miran mis dedos esbeltos y armoniosos, las uñas elegantes, los pelitos graciosos del empeine. Seguro dan un repaso a las piernas, pero lo más probable están centradas en mis pies. ¿Los suyos? Horribles. Con uñas deformes y dedos atrofiados. Callos que destrozan la piedra pómez al primer contacto o esos ralladores de cocina metálicos que usas las “chinas” del lugar. Porque claro, todas son chicas. ¿Dónde te haces la uñas che? Ahí en un lugar de chinas. Mis “chinas” son de Vietman, pero bueno, como dijo alguien alguna vez: “la misma mierda”.

Pues nada, que ahí os dejo mis pies. Para que los disfrutéis. Envidia sana.
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Esas caras

Busco una respuesta en las caras de los que me rodean. Como queriendo entablar una conversación que no tiene principio, por eso no suenan las palabras. Vuelvo a estar perdido en una playa sin salida. No importa para que lado camine, la arena no termina nunca. De nada sirve recordar los pasos andados porque las huellas ya se han borrado. Por eso cometo los mismos errores. Por eso se repite el mismo dolor. Por eso los ojos cansados, los labios caídos, el sueño constante, la mirada vacía. Las dudas. La falta de ganas. La falta de fuerza. Me voy debilitando lentamente.

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Borrando fotos

Ya no soy fotógrafo profesional. Nunca lo fui. Hoy borré todas mis fotos, las bodas, los estudios, la gente rara. La boda de los maricones, con su pastel de chocolate velvet. La guarra de las tetas grandes. La pareja de negros de Chicago. Aquellos de la playa falsa. Los estudios de la universidad, los recién nacidos o las embarazadas. Las borré todas. No conozco a nadie. Me pregunto dónde estarán, quién seguirá casada, cuántas veces se pusieron los cuernos. Tendrán familia. Todo parte de un pasado que ya no me pertenece y que tampoco regresará. No me quedaba espacio en mi Mac, por eso limpié casa.

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Atlanta

Nunca quise venir a Atlanta. Desde aquel tiempo que el Super Bowl se jugó aquí, con un temporal horrible, ya le pillé manía a Atlanta. Todo lo que he escuchado me ha quitado las ganas de viajar a Atlanta. Ahora estoy aquí, dicidiendo si salgo a correr ahora o mañana temprano. Creo que voy a comer algo, luego correr. Mañana todo el día en la central de Coca-Cola, nos van a contar el secreto de la receta.

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El álbum de fotos

Esa gente que solo sube fotos de sus hijos a Facebook, como si no hiciera otra cosa en la vida que limpiar culos, preparar comida, bañar niños, ir al parque. Siempre me aburrieron los álbumes de fotos, aquellos de pastas gordas, rojizas y páginas plastificadas. Ir a casa de amigos de mis padres y esperar ese momento fatídico cuando sacaban el álbum de su último viaje a Canarias. Fotos borrosas, mal encuadradas, todas con los protagonistas en primer plano y allí al fondo: “el hotel donde nos quedamos”. La piscina, “en esta tienda me compré el pareo”. Y todos esos comentarios aburridos. Hoy Facebook se ha convertido en lo mismo pero sin las pastas gordas y rojizas.

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