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Juicing

El domingo empecé una limpieza de tres días tomando nada más que jugos de frutas y vegetales. Te avisa el comercial que los efectos secundarios pueden ser diarrea o estreñimiento, mareos, malhumor, fatiga, dolor de cabeza, bajada de azúcar, aumento de olor corporal y mal aliento. Entonces, ¿para qué mierda hago esto? Los beneficios son pérdida de peso, mejora del sistema inmunológico, piel clara y brillante, desintoxicación y mejora de la digestión.

A todo esto tengo que sumarle el mono que me pegó por la falta de café. Un dolor de cabeza constante durante todo el domingo y parte del lunes. Unas ganas de dormir termendas. Una irritación con todo el mundo como en aquellos días. Pensando que bajaría de peso, y hoy estoy tres libras más pesado. Bien.

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Ay Paleo

Aquí no hay trucos. Nadie tiene una conspiración contra ti, si estás gordo o gorda es porque comes mal y más de la cuenta. Una simple matemática. No tiene nada que ver con el ejercicio, y esa chorrada de que los músculos pesan más, o que si comes proteína, e igual, ésta pesa más. No, gilipolleces. La carne del viernes, el trozo de pan. La cena del sábado en la noche. Las pizzas del domingo. Los sándwiches de por la noche. El hot dog del lunes en el basket, la coca cola, el pollo frito. El martes parrillada en casa. Subí dos libras, nada mal para el desmadre. Dos días comiendo bien, miércoles y jueves y ya las bajé. Se fue mi amigo Carlos por lo que regreso a lo verde, menos carne, más verdura.

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190

Esa es mi meta, 190 libras. Siempre hago estas cosas pero sin ponerme metas. No sé hasta donde quiero llegar, no tengo un punto de referencia, por lo que al rato me aburro. Ahora tengo un número. Mientras hago crossfit, cuando tomo una decisión al mirar un menú, cuando abro el frigorífico.

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Paleo 3

Día 3 – Sigo igual, 217
Toritlla de pimientos rojos, verdes y hongos
Ensalada de lechuga, garbanzos, guisantes y algo más que no sé que era
Ensalada de tomate, palmito, huevo y lechuga
Pollo a la Ratatouille, riquísiiiiimo.

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Sigo bajando

A pesar de que me porté mal ayer, bajándome un bote de helado completo, el domingo paella, helado y flan, además de cuatro croquetas, una empanada y dos cafés el viernes, aún así he bajado cuatro libras en una semana. Lo único que he hecho ha sido cortar carbohidratos y azúcares.

Me siento deshinchado. Me siento ligero. Y ya no estoy de mal humor.
Dos semanas:
Primer día  – 215 libras
Segundo día  – 215 libras
Tercer día – 214 libras (pero me pesé en la tarde)
Cuarto día – 214 libras (pero no me he pesado)
Quinto dia – 214 libras (pero no me he pesado)
Sexto día – 214 libras (pero no me he pesado)
séptimo día – 214 libras (pero no me he pesado)
Octavo día – 211 libras

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No sugar, no carbs

Ayer corté todo. El azúcar, los carbohidratos, el café, las cocas, leche, harinas, en fin, todo menos mis batidos de protéinas, carne, pollo y pescado y vegetales. Corté hasta la fruta.

Dos semanas:
Primer día  – 215 libras.

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Dieta en las fiestas

En tres semanas de “dieta”, y digo “dieta” porque lo único que estoy haciendo es tomar unos batidos en la mañana y la noche, y comiendo sano al medio día, he bajado cuatro libras y siete centímetros de barriga. Muy poco pensaréis, sí, es cierto, y es que no me he portado lo bien que debería, con uno o dos días a la semana donde me excedo un poco. Esta semana quiero intentar comer sano los siete días pero ya sé que Noche vieja cenaré cosas que no debo, por eso, como dice mi roommate Adrián: “hago dieta para comer lo que me dé la gana”. Bueno, él no dice lo que me dé la gana porque es mexicano, y esa expresión es bien española. Esta semana tomaré esa filosofía, hago dieta para el 31 comer lo que quiera.

Es muy jodido hacer dieta en las fiestas. En mi trabajo hay comida todos los días, cuando salgo a comer durante la semana todo el mundo quiere atracarse, en los días de reunión hay tres veces la comida que uno puedo comer. Es algo genético, tradición de años y años de nuestros antepasados que no podemos cambiar solo con fuerza de voluntad. Hay una conexión en lo más profundo de nuestros seres entre comer y beber sin control que va asociado a las celebraciones. No concebimos una boda, una cena entre amigos o una Noche buena sin exceso de comida y bebida. Así estamos programados. Imaginaros una boda que sirviera ensalada de quínoa y un trocito de pollo hervido, y para beber agua. No sería una boda. O una celebración de Navidad sin vino, ni pavo, ni cerdo o cordero, sin queso ni jamón, sin pan.

Nada, disfrutemos los últimos días que nos quedan de poder comer sin remordimiento, o al menos con motivo justificado para ya volver a nuestra tortura la semana que viene.

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