Archivo mensual: enero 2014

Siesta Key

Desde Siesta Key puedo ver tu pelo bailando con el viento del Golfo. Arena blanca húmeda por las nerviosas olas, tus ojos azules perdidos entre el cielo y las nubes, tus manos suaves, blancas, entrelazadas con las mías, bastas, peludas. Te quiero como nunca he querido. Diferente, conectado, descubriendo sensaciones en mi pecho que nunca he sentido. Te amo como nunca he amado. Sin miedo, despierto, consciente de lo que quiero. Por fin entiendo que mis frases te provocan una sonrisa, te ríes con sinceridad, eres mi perfecto escenario. Me siento amado por quien soy, como soy, con todos estos defectos, (y algunas virtudes) pero principalmente manías, prejuicios y dolores en muchas partes de mi cuerpo. Te quiero como nunca he querido. Por tu bondad, tu seguridad, tu dulzura y tus manos. Te amo como nunca he amado.

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Tomó el cáliz

Hoy volví a misa después de muchos años. Me transporté a aquellas pegajosas tardes del verano Mallorquín, con los aburridos sermones que no conseguía encontrarles sentido, mi mente divagando entre escotes y faldas, el sudor escurriendo por la frente entre la mínima luz que sorteaba los originales vitraux. Chocan en mi cabeza todas estas contradicciones, creencias y conocimientos. Dudo de todo, no me fío de nadie. Pero me siento bien, extraño.

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I love you

And you know it!!

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Oh Darling

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Am I?

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Eminence

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La noche

Le daba miedo la noche. El sonido de la música desde la distancia, a medida que se iba acercando, la erizaba. La incertidumbre de no saber que encontraría en aquel hueco le hacía perder el control de sus emociones. Los gritos, el alcohol, el tabaco, todo desconocido para ella, todo le aterraba. Los cuerpos en movimiento, sudorosos, las manos descontroladas. La noche se apoderaba de ella. La mirada perdida a lo lejos, el miedo se extendía por todo su cuerpo. Una cara conocida era suficiente para tranquilizarla unos minutos, después continuaba temblando como el primer día. No ser aceptada, querida o simplemente piropeada, un completo pavor cuando lo pensaba. Entonces se acordó de él. De sus manos calientes. Su mirada atrevida. Se calmó. Se sintió triste, él a lo lejos, la vio perderse entre las luces. Miedo y lágrimas, combinación común, mediocre. La noche volvió a derrotarla.

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