Recuerdos de una primera vez

Llegué a Miami una noche húmeda de invierno. Gente grande en el aeropuerto, fea y oscura, todo nuevo para mí. Yo venía de España, un país de gente seca y fría, pero me sorprendió la distancia de aquellos en ese lugar. Nadie miraba a los ojos, hablando entre dientes, dolidos por algo. Me gustó el calor del ambiente, las luces de colores, la seguridad de mi padre mientras nos explicaba cada calle, cada edificio. No recuerdo a mi madre, ni a mis hermanos, solo las luces de la playa y su mar por aquel puente gigante. Recuerdo el cuero del viejo Oldsmobile y recuerdo los Gipsy Kings, primer y único CD de mi padre en su coche. Los cangrejos, el sol, la US-1, esa larga y concurrida carretera llena de semáforos, la favorita de mi padre. El pescado de noche buena, las lágrimas de mi madre, jugando con mi hermano a fútbol en la hierba de la puerta, la piscina. El 5-0 al Barça. Todo era diferente, todo muy grande. Lo odié con todas mis fuerzas a pesar del empeño de mi padre para que nos gustara, creo que nunca le dije que consiguió su objetivo. Ni tampoco le di las gracias. Nunca seré otra cosa que un español que salió hace mucho, que se queda con lo bueno sin importar la frontera que lo rodee.

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