Archivo mensual: diciembre 2013

Los nervios

Un hombre que siempre estaba nervioso a veces sin motivo alguno. Desde que despertaba los nervios no le dejaban desayunar, a penas comer en todo el día. El pelo se le caía por trozos, dejando huecos horribles que cubría con un sombrero pescador. No le quedaban uñas sobre unos dedos destrozados por sus dientes. El estómago vivía en una constante tensión, como si tuviera una corriente eléctrica recorriéndole las tripas. No se fiaba de nadie cuestionando todas las historias que escuchaba. Un hombre sin grasa y apenas músculos, todos consumidos por sus nervios. No podía disfrutar del deporte por la incertidumbre. Tampoco veía películas al no soportar no conocer el final. Los niños lo ponían nervioso, siempre pensando que estaban en peligro. Con los ancianos no podía hablar por miedo a que murieran sin terminar la frase. En las noches daba vueltas en la cama sin poder dormir. Contar ovejas lo alteraba. Una mañana dejó de preocuparse. Desaparecieron los nervios a la hora del desayuno, no pensó en los más jóvenes o los más viejos. Ese día salió a correr, vio una película, en la noche cocinó. Antes de dormir le dijeron de nuevo: “te quiero”, como esa mañana.

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América

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Una idea

A veces me fuerzo a escribir porque no encuentro nada en mi cabeza. Me paseo por mis ideas sin encontrar alguna que me llame la atención. Es como si todo lo que supiera lo hubiera olvidado. Todos los lugares que he visitado han desaparecido de mi memoria, su calles, su gente, todos están ocultos en algún lugar de mi perversa mente. Entonces descanso los dedos sobre las teclas esperando que alguien cruce por mis ojos y consiga hacer saltar alguna chispa. Pongo música para poder viajar a esos lugares remotos que no consigo recordar. Respiro con calma para saborear los olores a mi alrededor convencido de que alguno me hará recordar. Entonces decido escribir de aquello que no consigo escribir y las palabras van cayendo como piezas de dominó hasta llegar al final de mi historia sin haber conseguido descifrar una sola sensación del pasado, ni siquiera un mal recuerdo. Mi cabeza sigue vacía. Solo pienso en ti.

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Trucos

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La fiesta

Entonces abrió la puerta y llegaron dos más. De alguna manera ya sabía que serían muchos aquella noche. Llegaron dos, tres entraron por la ventana. Ya eran unos veinte, otros diez llegaron después de la medianoche. Después de los cien el calor era insoportable. No quedaba comida para nadie, tampoco agua. Las ventanas empezaron a romperse, los sofás a descoserse. Las escaleras temblaban por el peso de los más vagos que descansaban en los peldaños sin poder respirar. En la cocina algunos lamían las últimas gotas de alcohol de los vasos usados, otros sonreían con generosidad mientras fijaban la vista en unas tetas desconocidas. Dos que se besaban con los ojos cerrados en un baño repleto de mirones. Por detrás dos manos saboreaban el culo de la chica, otras dos las piernas y otras manos sujetaban su cara mientras la lengua se perdía en su boca. Llegaron veinte de golpe. Luego tres que nadie había invitado pero los dejaron pasar. Eran más de quinientos. Alguien gritó: “ya basta. Que no entre nadie más”. Tras el grito cayó desmayado pero se mantuvo erguido sujetado por el resto de cuerpos a su alrededor. No le hicieron caso al del grito y llegaron veinte más. Empezaron a lanzar las billeteras, teléfonos móviles y paquetes de chicle por las ventanas para hacer espacio a los diez que llegaron justo antes de soplar las velas. Lazaban sillas, mesas y mesitas. Todo por la ventana para que pudieran entrar los que iban llegando. Los más pequeños se subían a los hombros de los más fuertes y descubrieron que así cabrían otros trescientos. Tardaron menos de diez minutos en llegar con lo que de nuevo se hizo imposible respirar. El que encendió las velas se quemó los dedos mientras las velas quemaban la blusa de una que llegó sola. La blusa prendió una bufanda que inexplicablemente alguien todavía llevaba alrededor del cuello. Todos los pantalones empezaron a chamuscarse. Alguien pensó que lo mejor era soplar pero el fuego enfureció. Por la puerta solo cabían dos a la vez pero uno, que estaba ya bien borracho, quedó atascado haciendo un tapón humano. Fueron muriendo de diez en diez, luego de veinte en veinte. Caían al suelo hechos ceniza. Ya se podía respirar mejor a pesar del humo, además el espacio era mucho más amplio. Entonces uno subió el volumen de la música y empezaron todos a bailar.

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Felicidades

No tendría que dar explicaciones a nadie al felicitarlos, pero todo el mundo se sorprende. Debería bastar con estar aquí, tener salud, algunos trabajo, y sobre todo amor.

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Jesús

Y hoy nació Jesús pero muchos años atrás.

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