Mis camisas

Esas camisas que elijo, siempre iguales. Pasan los años y no cambian. No se hacen viejas. Siempre iguales. Farrar me compró unas nuevas pero no me gustaron. “Son de viejo” pensé. Los colores, el corte, la tela, definitivamente “son de viejo”. Igual me las puse, por probar, a lo que recibí un sin fin de piropos. Resulta que son bien modernas, rozando el metrosexualismo, lo cual comprueba una vez más que estoy desfasándome sin piedad.

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