Indios y pistoleros

A mi padre le encantaban la películas de “vaqueros”, como él decía, aunque para ser más exactos, las de pistoleros e indios eran sus favoritas. Quizá le gustaba la idea de esa América desértica y gigante, quizá soñaba con visitarla algún día lejos de imaginarse que allí moriría. En las películas disfrutaba de los caballos más que del whisky o las pistolas. Le encantaba esa tierra árida, quizá porque le recordaba a la suya, donde nació, y que abandonó de muy joven. O muy probable porque en muchas de esas películas podía reconocer esos pueblos del sur de España. La música, los duelos, los indios salvajes, los carruajes, los largos silencios, a mi padre le gustaba todo de las películas del Oeste. A mí también, pero por encima de todo me gustaba verlas con él. Durante un tiempo, mientras mi padre estaba enfermo me era imposible verlas, por eso de la nostalgia. Hoy vi la primera, “El llanero solitario”. Creo que de pequeño las vimos todas. Recuerdo ir al videoclub, mostrarle la portada de John Wayne, su favorito, a lo que él respondía: “ya la hemos visto”. No recuerdo títulos, ni personajes, yo para eso soy malísimo, pero sí estoy seguro que tienen que quedar muy pocas que no disfrutáramos un sábado en la tarde con un vaso de agua bien fría y un puñado de pipas.

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