Archivo mensual: octubre 2013

Esas paellas

Hoy mi madre hace una paella. Extraño a mi familia, a mi madre, sus risas, su comida, mi hermano y sus mujeres, mi hermana, Juan y los críos. Extraño a mi padre. Extraño juntarnos a comer, hincharnos a pan y a helado.

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Gracias Bono

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Mi álbum favorito de todos los tiempos

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Mi canción favorita

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Y que limpie otra

Llevo semanas queriendo hacer esto Mara, pero no saco tiempo, jijiji

http://marareyes.wordpress.com/2013/09/28/gracias/

Pronto!

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Mis pies

Nunca he sido uno de esos que se muere por los pies. En realidad no los miro, ni siquiera sé cómo lucen en mi mujer. Otros los ponen como requisito, les fascinan, los acarician, admiran y una serie de acciones que no quiero recordar. Esto de buena fuente. La cuestión es que yo soy de los gemelos para arriba. Prefiero los muslos, el estómago, el cuello, cosillas más “normales” digo yo. ¿Los pies? Pues para llevar unos buenos zapatos de tacón, o unas chanclas divertidas o un buen par de asics, pero nada más.

Hoy, en mi pedicura mensual volví a admirar mis pies. Las mujeres de las cómodas sillas de los costados los miran con envidia. De reojo observan el tamaño, imaginado cualquier cosa, miran mis dedos esbeltos y armoniosos, las uñas elegantes, los pelitos graciosos del empeine. Seguro dan un repaso a las piernas, pero lo más probable están centradas en mis pies. ¿Los suyos? Horribles. Con uñas deformes y dedos atrofiados. Callos que destrozan la piedra pómez al primer contacto o esos ralladores de cocina metálicos que usas las “chinas” del lugar. Porque claro, todas son chicas. ¿Dónde te haces la uñas che? Ahí en un lugar de chinas. Mis “chinas” son de Vietman, pero bueno, como dijo alguien alguna vez: “la misma mierda”.

Pues nada, que ahí os dejo mis pies. Para que los disfrutéis. Envidia sana.
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This is my blood

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La barriga de este gordito

Ayer descubrí que todo da vueltas alrededor de mi peso, o por mi exceso de peso. Todo gira sobre mis kilos de más. Mi mal humor, mis pocas ganas de salir, mi mini depresión o mega depresión. Cuando bajo de las 210 me siento bien, feliz, veo las cosas más positivas. Me dan ganas de salir, me gusta como me queda la ropa, me motivo a hacer más deporte. Mi vida está rodeada de energía positiva. En cambio cuando engordo, voy subiendo de libras, voy comiendo más mierda, dejo de hacer ejercicio, me duele la espalda, me pongo de mal humor porque no me queda nada bien, por eso no me apetece salir a ningún lado, como más mierda, tengo menos energía, engordo más, me muevo menos. Un puto círculo vicioso del cual me cuesta un mundo salir. No entiendo por qué me hago daño, sé lo qué me pasa, conozco los síntomas pero no los puedo detener hasta que ya es demasiado tarde, como hoy. Corrí 6 millas, me duele todo, es el comienzo para recuperar mi buen humor.

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Mi perspectiva

Ha sido una semana de locura, para poner muchas cosas en perspectiva. La primera y más importante es que no quiero perder el amor que siente. Quiero hacerlo crecer. Quizá no ha sido la manera más convencional de iniciarlo, y por eso a veces me pregunto si las cosas que siento llegan a su debido tiempo, porque las comparo con lo que mi cabeza me dice que “es lo normal” y como no se asemeja entonces dudo. Pero no, no hay dudas. Las cosas son diferentes pero reales. Y no quiero que se acaben. Después de todo, ha sido una buena semana.

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Confrontando

Porque ya nada volverá a ser lo mismo. No sé si pueda sentir sin miedo. No sé si pueda llorar de alegría. No sé si pueda olvidarme de ayer. Porque quisiera saberlo todo, no tener dudas, saber las respuestas. Porque a veces creo no ser compatible a nadie. Me creo tan distinto a todo, a todos. Porque cuando me detengo a pensar solo quiero llorar, por eso no pienso, por eso sigo andando, anestesiado. Porque quizá no cierro las puertas, solo me alejo de ellas y creo que con la distancia no veré la luz que las atraviesa, pero luego con un recuerdo, con un sueño, veo esa luz y la puerta aparece justo ahí y no la puedo obviar. Pero no la puedo cruzar. Solo está ahí, abierta, para dejarme saber que nunca la cerré. Y al lado hay otra puerta, y otra, y todas de par en par. Todos con sus distintas luces. Y no las puedo cerrar. Para recordarme que no puedo seguir huyendo. Pero por más que pienso no sé como cerrarlas.

Por eso mañana caminaré de nuevo, alejándome de ellas, hasta que una canción u otro sueño me lleve de nuevo a su umbral.

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