Gracias a mi papá

Cuando veo estos pueblos de mala muerte, agradezco haber nacido donde lo hice. Haber tenido los padres que tengo, el curso de mi vida, la gente que he conocido. Me da ansiedad haber podido vivir entre Akron y Cleveland, conduciendo una Chevy Silverado, gorra de los Browns, tatuajes en los antebrazos y saber todos los tamaños posibles de tornillos. Quizá me miren y piensen lo mismo: “mira ese la cara de europeo que tiene, esos países liberales, las mujeres mostrando las tetas en la playa, no van nunca a misa, con sus deportes de señoritas donde los partidos terminan cero a cero y sus coches son iguales que los que tenemos en Disney.

También hay pueblos en España que me dan la misma ansiedad aunque en sus playas muestren tetas y los domingos vean fútbol.

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