La ambigüedad

Las malditas ambigüedades, siempre las he odiado. Todo el mundo es ambiguo, nadie sabe lo que quiere y menos lo que busca. Como dice el maestro Silvio: “el de edad quisiera ser un niño, el rapaz rasca sus pelusas en flor”. Digo Diego, pero digo dije, o quise decir Pablo. El puto ocho en el cerebro de la gente. Quiero que hagas esto, pero mira a ver si aquello, o quizá mejor haz lo otro pero sin decirte qué es esto, aquello u lo otro. No busques explicación, no la tiene. La gente tiene miedo de decir la verdad, por eso antes de mentir, de puntillas caminan por el sendero de la ambigüedad. El mejor aliado del falto de talento. Mejor remo por lo ambiguo por si me cuestionan cambio el rumbo sin mucho esfuerzo. Hablad claro, es menos estresante.

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