Archivo mensual: agosto 2013

Obseso-compulsivo

Soy un obseso-compulsivo. Sí, lo soy desde muy joven. Ya desde pequeño me comía las patatas primero, luego la hamburguesa. Cuando comía mi helado favorito, el magnum blanco, tenía que hacerlo sin que se cayera un trozo de chocolate al suelo. En la ducha seguía el mismo ritual, primero el pelo, luego el cuerpo, cerraba los grifos por orden, salía por el mismo lado de la cortina, me secaba el cuerpo siguiendo los mismos pasos. No soportaba las sábanas arrugadas, las alfombras tampoco. El espejo retrovisor del coche debía estar perfectamente colocado. Me vestía con un mismo orden, imposible de narrar.

Hoy sigo siendo obseso-compulsivo. Tras haber sumado muchos otros detalles me queda claro que soy un tío dedicado y con compromiso.

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Última parada

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Tu cabello

Una de mis canciones favoritas de todos los tiempos.

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Cuerpo de ola

Y esta también.

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Ven aquí

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Mi fantasía

Es solo un juego pero me encanta. Es una fantasía, en la cual pretendo ser dueño de varios jugadores, los hago míos, los cuido, empujo para que corran lo más rápido posible, atrapen pases, lancen y anoten la mayor cantidad de puntos. Una fantasía que forma gran parte de mi realiad. Por momentos siento que el juego es lo verdaderamente real y que mi trabajo, el tráfico, el dinero y los días interminables son una fantasía gris. Las fantasías no son reales, nunca se cumplen, por eso son ficticias, producto de nuestra imaginación. Pero esta fantasía tiene vida. Me hace saltar, gritar muchos domingos, genera innumerables conversaciones. Esta fantasía hace que la semana tenga sentido, que el martes y miércoles se pasen volando, que el jueves nos dé un aperitivo, el sábado un primer plato, el domingo un banquete y un gran postre el lunes. Ejercita la mente, la especulación toma protagonismo, los números importan, las decisiones son cruciales.

Por un gran equipo, El Mortero, tengamos un gran año en el Fantasy Football!!!

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Pesadilla

Anoche asusté a Farrar. Saltó de la cama como un gato joven, con las palmas abiertas apoyadas encima del colchón, brazos extendidos como si estuviera lista para hacer una flexión, gritando: “stop, stop”. Dirigida a mí, que parara de gritar porque la estaba asustando. Segundos antes yo grité con fuerza aunque estaba convencido que solo lo estaba haciendo en mi sueño. Pero no, estaba gritando despierto. En mi sueño, estaba sentado en el inodoro, con la puerta abierta, cuando en el filo del marco vi a mis dos hijos con mi amigo Carlos. Sigilosos, caminaron el pasillo hasta llegar a la puerta del baño para asustarme, todo esto en mi sueño. Pero entonces yo, que ya había escuchado las risas de Sebas, decidí anticiparme con un grito de antología para detener la broma. Quise asustarlos pero a quien terminé dando un susto de infarto fue a Farrar.

Todavía ahora lo recuerdo convencido de que mi grito fue un sueño. ¿Será todo un sueño?

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Menos mal

Con esa risa insultantemente estridente, un vaso de cerveza en la mano y un hombre a cada lado. Tus movimientos histriónicos llamaron mi atención en un estadio con treinta mil personas gritando. Apareciste tú, con tu cara pintada de naranja y verde, los colores del equipo que animas y yo narro en la radio. Tú en una suite, yo en una cabina. Tus collares coloridos, una falda estridente, unas medias rojas y zapatillas de fútbol americano, como si fueras tú la que va a jugar el partido.

Por otro lado esa rubia. Menos mal.

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Mi armario

Hace mucho tiempo que dejé de ser flaco. No recuerdo el día que engordé, pero sí el proceso, a pesar que durante mucho tiempo en mi mente seguía imaginándome flaco. Ya esos días están lejos, ahora me conformo con bajar un poco la barriga, con ver menos papada o ver algún reflejo en el espejo que me anime. Durante años he guardado ropa varias tallas más pequeñas, esperando ilusionado algún día poder volver a vestir esas camisas. Siempre que organizo el armario dejo a un lado esa ropa acartonada, pasada de moda pero con el brillo de la ropa nueva. Ahí llevan más de seis años algunas camisas, a penas usadas, esperando poder cubrir esta barriga otra vez. Inútilmente me las pruebo de vez en cuando, sin mucha suerte. Lo mismo sucede cuando organizo la cajonera. Pantalones de correr, conjuntitos para la bicicleta o ridícula indumentaria de triatleta. Pues no soy ni más rápido o más lento por no caber en esas mudas. Tampoco menos simpático o estúpido a ratos. No me ha ido mal en el departamento del amor, barriga incluida. El caso es que mido todo contra mi barriga, pero hoy estaría en el mismo lugar, con los mismos logros y las mismas derrotas, con estas libras que con treinta menos encima. Sería el mismo tío cojonudo, enamorado, feliz, con dos hijos de puta madre, un trabajo que cuido. Habría perdido los riñones, también me hubieran puesto este tan aplicado que llevo en mi costado. Hubiese viajado a los mismos lugares y hubiera visto a España salir campeón. Todo con unas tallas de menos pero con las mismas risas a cuestas.

Porque no soy aquel flaco que corría rápido, ni lo voy a ser jamás. Por eso hoy tiré a la basura toda esa ropa vieja, se acabó la espera. Seré más o menos gordo, seguiré luchando por sentirme bien, pero al menos mi armario no me mirará con nostalgia, esperando por un día que ya nunca regresará. Solo podré estar flaco en el futuro, ya el pasado me lo comí.

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I am a treasure

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