Archivo diario: Martes, 21 mayo, 2013

No me caso en Nueva York

Nueva York es diferente. A todo, a cualquier ciudad. Sus calles son más ruidosas, la gente más creída. Los edificios son más grandes, claro, pero hacen que la gente se sienta más grande también. Muchos, no todos, algunos digamos, se creen superiores. Lo oyes en la radio, lo ves en la tele, lo escuchas de sus deportistas pero cuando llegas a NY lo compruebas con cualquier pardillo. Hasta los malandros caminan por la calle como si fueran los únicos delincuentes del país. Lo cierto es que pocos son de aquí. Ciudad de hijos adoptivos que en poco tiempo cambian su lugar de origen por el orgullo de ser parte de la manzana. Todos, muchos digamos, con sus cables blancos colgando de los oídos, en su mundo, metidos en su música. Caminando por la calle veo algunas caras de soledad. ¿Se sienten solos muchos, digamos la mayoría aquí en Nueva York? Podría ser. Están lejos de sus familias, es un ciudad frenética, te consume el trabajo. Esa gente es la que me molesta, toda la gente. Estoy acostumbrado a los espacios grandes, habitaciones amplias, lugares pocos concurridos. En Nueva York es todo lo contrario, las oficinas son pequeñas, las habitaciones de hotel diminutas y la gente está siempre muy cerca de ti. Me molesta tener tanta gente y tan cerca. En fin, que a mí Nueva York me gusta, pero como dice un amigo argentino: “hasta ahí nomás”. Donde se ponga mi calle sin coches llena de árboles, que se quite esta Quinta avenida de ocho carriles por lado, por lo menos. La playa de Miami, o un centro comercial de esos tranquilos. Abrir la puerta de tu casas y subirte en tu coche, joder, que tiene que ser mejor que tratar de pillar un taxi en esta locura. Nueva York me abruma. De todas maneras, de vez en cuando, digamos que no para siempre, pasar un par de días aquí no está mal.

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