Archivo mensual: abril 2013

El llanero solitario en Copacabana

Río de Janeiro es como me lo imaginaba. De todas maneras tengo que decir que esperaba ver más mulatas, más gente jugando al fútbol y algo más de glamour. En cambio, las favelas están donde las esperaba, las playas llenas de tangas como anhelaba y toda la ciudad llena de sonrisas, justo como la necesitaba.

La ciudad es vieja y sucia. De edificios feos y cuadrados. Si por algo destaca Río es por sus cuerpos esbeltos, definidos y modernos. Sus curvas, sus abdominales, sus culos grandes. En cambio su arquitectura me recuerda al levante español de los años setenta, aburrida, sin elegancia. La gente pasó el día hoy en la playa, el deporte nacional. Era feriado, por eso la calle de Copacabana estaba cerrada. Nuestro hotel, justo en la esquina de Ipanema y Copacabana, tiene la mejor vista de Río. En la tarde salí a caminar al paseo de la playa. Me la había imaginado llena de delincuentes, peligrosa, pero nada que ver. Familias, novias y novios, niños, mucha música, el mar iluminado por farolas gigantes y la luna casi llena, siguiendo mis pasos de sosiego.

Ha sido un día bueno. Dejé atrás gente que no merece estar a mi lado. Copacabana, mañana corro en su arena, me baño en su agua.

Dieta Paleo
Día 2 – No me he pesado 217 libras
Huevos revueltos con cebolla y hongos
Tortilla de huevos con cebolla y hongos
Pollo a la plancha
Almendras
Zumo de sandía

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Soy un cavernícola

Alguien ha bajado treinta libras en seis semanas. Seguro que si el dueño del gimnasio donde frecuento me tira estos números, será porque es la máxima hazaña en la historia de este lugar. Poco sentido tendría que gracias al crossfit y la dieta hubiese bajado sesenta libras en seis semanas y no me lo dijeran. Treinta en seis semanas es un promedio de cinco libras por semana. Yo puedo bajar, de echo las he bajado, cinco libras por semana, pero solo la primera. La siguiente bajé cuatro, luego tres, dos, una y luego las volví a subir. Yo podría estar flaco. Podría ser feliz, pero opto por comer. Tomo la decisión, consciente o inconsciente de comer, a costa de mi felicidad.

Hoy empiezo la dieta Paleo, llevo a penas un día y ya me siento algo cavernícola. De repente me dieron unas ganas de ir al gran cañón de Colorado, como si necesitara completar ese viaje que tantas veces hablé con mi padre. Quiero ir a hacer fotos, a sentarme en una roca a escribir. Quiero ir solo. Hoy le escribí, también lo hice a alguien a quien hice daño hace tiempo. Pero no lo hago por ellas, no. Lo hago por mí. Lo hago porque no soporto el rechazo por eso busco la aceptación de quien en su día me adoró. Pero ya no están tampoco ellas, lo cual lo entiendo y acepto. Busco reparar mi ego ocultándome en quien algún día yo desestimé. Por eso, por mí y solo por mí, empiezo esta dieta. Porque no me aguanto más.

Dieta Paleo
Día 1 – 217 libras
Café White chocolate mocha iced grande – (no había empezado todavía, jijiji)
Ensalada de tomate, lechuga y pepino con aceite y sal.
Fruta variada – piña, uva y sandía (tengo que averiguar si esta es la fruta adecuada)
Ensalada de lechuga, zanahoria, remolacha
Pollo con vegetales y un poco de arroz (en el avión no había otra cosa. Moría de hambre)

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La dieta Paleo

Empiezo otra dieta, esta vez la Paleo. La idea es comer como hacían nuestros antepasados, precisamente en la era del paleolítico. No me costará mucho acomodarme, porque algo cavernícola soy, además llevo años intentando variaciones. Hoy empecé a entender algo que quizá sea la clave, por eso empiezo con más ilusión que nunca. Puedo, claro que puedo. Me largo a Brasil, me cago en Bruno Mars, me quito esta barriga fijo, venga la dieta Paleo. Con un par.

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Bruno

De Bruno a Bruno y tiro por que me toca. Con este me dejé llevar, me contaste un cuento chino y casi dos semanas después arranco de nuevo.

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Solteronas

Hay mujeres, pasadas los treinta, y que nunca se han casado, que son un dolor de huevos. Intolerantes, malhumoradas, agresivas, empeñadas y orgullosas que de la manera que actúan es la correcta y por supuesto, convencidas de que nunca cambiarán. Cierto, no tienen por qué hacerlo, pero entonces que no vayan preguntándose por qué siguen solas, como si el mundo tuviera una conspiración en contra de su eterna felicidad. (Por cierto, si te das por aludida, prometo que no estoy escribiendo de ti. Lo juro. A quien va dirigido no conoce mi Mortero).

En fin, si están solas, no es por la gordura, o por tener tetas pequeñas, o porque no saben cocinar, todo eso da igual. La realidad es que ningún hombre puede soportar los ladridos en el teléfono, las preguntas directas al contestar como si tuviera que pasar algo para haber llamado. Hello??? I’m just calling because I like you and eventually I want to get you in bed, or something like that. If along the way I fell in love, then great. Pero no, la agresividad pasiva es tanta que la conversación no fluye. Están tan obsesionadas con no quedarse solas que analizan, proyectan hasta el punto de traer el futuro al presente, imaginándose si las vidas serían compatibles en una pareja que ni siquiera se ha formado. Se manejan tan a la defensiva que creen que cualquier comentario tiene el único propósito de ofender o desestabilizar la deprimida vida que han creado, tratando de convencerse de ser felices, cuando en cambio lo que quieren es otra vida que jamás conseguirán. No aceptan nada que no cuadre con su zona de confort. Siento pena y compasión porque algún día yo fui así también.

Si bien las solteras son las que más abundan en este grupo de mujeres maravillosas, también hay algunas casadas, la diferencia es que sus mardidos se las aguantan. Y otras divorciadas, que lo más probable llegaron a ese estado por todo lo que os acabo de contar.

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Espejos

Creo que lo tengo claro. Si quito todos los espejos de mi casa dejaré de estar gordo.

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Tanto corres, tanto vales

Siempre he medido el valor de la gente por su destreza física. Y no me refiero a valor de valentía, sino de importancia, de credibilidad, en fin, de ser guay. De joven yo era el más guay. De los mejores corriendo, montando bici, jugando al fútbol, nadando, jugando al tenis, casi en cualquier actividad o deporte era de los elegidos al principio al hacer los equipos. Y me juntaba con tíos guays, de alguna manera menospreciando o no prestando atención a los gorditos, lentos y torpes que solíamos poner de porteros o defensas centrales. Como si su opinión valiera menos, como si no tuvieran sentimientos, así pensaba yo.

Pasó el tiempo y a medida que mi barriga engordaba, mi enfermedad avanzaba y velocidad se esfumaba, yo pasaba progresivamente de ese grupo de guays, al grupo de gorditos sin sentimientos. Para mí yo era el mismo, bueno, incluso quizá de más valor que cuando era joven, incluso más importante para algunos y con muchas más credibilidad, pero simplemente no corría tan rápido. Tampoco era de los que ponían de portero o defensa, todavía la calidad técnica me daba para juntarme con los guays, pero definitivamente no era elegido entres los primeros al hacer los equipos.

Hoy estoy haciendo crossfit y sigo siendo de esos gorditos, quizá del medio del pelotón todavía, pero gordito, sin músculo y lento al fin. Los más fortachones me miran como miraba yo a los torpes de joven. Hacen su círculo, hablan de cuanto peso levantan, cuantas flexiones hacen, y yo, desde fuera, pienso que son unos freakies que seguro no han leído un libro, no tienen ni puta idea donde queda República Checa y lo único que hacen es dormir, comer granos y levantar pesas. Yo en cambio, soy de los gorditos que disfruta de la vida sin obsesiones por un gimnasio y seguro tengo mucha más credibilidad que ellos, segurísimo. Me pregunto qué hacen durante sus días, lo más probable llevarán más pesas en su camión, o en la caseta del peaje.

Qué borde soy en realidad. Patrick es dueño de una línea de ropa para hombre y distribuye a las tiendas más caras de Europa y Estados Unidos. Noel y otro pavo que conocí hoy son abogados. Otro es bombero. Otro tiene un MBA. Y así sucesivamente. Al igual que yo, son tíos guays, gorditos o lentos, rápidos o con un “six pack”, camioneros, periodistas, abogados o electricistas, todos hacemos lo que podemos. Cada uno carga con sus demonios, sus agobios y con las pesas que más pueda.

Yo hoy levanté 45 libras, otro pavo 365, y ninguno es mejor que el otro.

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