Mi padre

Hoy murió mi padre. Treinta de marzo de 2013. Un día maravilloso de sol, cielo azul, nubes blancas, cierto viento. De esos días que le gustaban a él, trabajando en su puerta, en su jardín. He pensado tantas veces en este día, en qué escribiría. Siempre me pidió que le hiciera su biografía, porque estaba orgulloso de su vida, de todo lo que había conseguido y de todo, sobre todo, lo que ha dejado. Sus hijos, sus nietos, su mujer. Su familia. Porque era un hombre de familia como los que ya no quedan. Sus comidas los domingos a las dos de la tarde. Sus reuniones para hablar de los temas importantes. Nuestros viajes, siempre todos juntos. Una mujer como ninguna, inigualable, dura como las matas de un patio viejo, suave como el peluche de un recién nacido. Sus hijos, todos iguales y tan distintos. Trabajadores, orgullosos, y sobre todo tocados por una estrella. Y esos nietos, que le sacaron lo mejor de él, las únicas sonrisas que nos regaló, la ternura que no sabíamos que llevaba dentro.

Mi padre fue un hombre callado. Solo hablaba cuando tú querías dormir. No era de esos de leer cuentos en las noches, ni estaba para hacernos el desayuno, pero siempre estuvo para aguantar las vigas. A tiempo, justo antes de que se desmoronara todo. Su sermón era el último, el único y el que valía. Su palabra, aunque áspera, la más acertada. No le gustaban los niños, ni las chorradas. Por eso cuando quise ser mayor, ahí estaba listo para darme todos los consejos que necesité. Con mi padre jugué a ser mayor, a hacer las cosas que le gustaban, trabajar en la casa entre sus silbidos antiguos. De mi padre aprendí que no importa lo que piensen los demás, lo importante es no detenerse, estar orgulloso del pasado y del presente. Con mi padre nunca hablé de mujeres, tampoco de deporte. Mi padre no sabía de música, ni de las cosas de ahora, no las necesitó. Disfruté de pequeño de comer pipas viendo todas las películas de vaqueros, como él decía. Sus preferidas. Sus coches, manejar en silencio. De mi padre sobre todo aprendí a ser papá, a ser un hombre de familia, de mi casa. Solo tuve que seguir sus pasos, fue muy fácil. Muchas veces pienso qué haría mi padre, entonces tomo la decisión, por eso, aunque esté lejos siempre estará cerca.

Mi padre fue un hombre bueno. Con eso lo bastó. Te extrañaré muchos días, intentaré graduarme, arreglar mi casa, cuidar a mis hijos, escribir, trabajar duro. Intentaré crecer, cuidar mi riñón, regar las plantas. Visitar a mis hermanos, y a mi madre, levantarme temprano. Intentaré no llorar nunca más.

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4 comentarios

Archivado bajo Reflexión, Relato

4 Respuestas a “Mi padre

  1. Te acompaño en el sentimiento, Joaquin. Un beso.

  2. Cris

    Conserva siempre esas lindas memorias y el agradecimiento por ser su hijo…La vida no nos ensena estos momentos y quizas es cuando mas fragiles y humanos somos…asi que no temas llorar, porque esas lagrimas no son tristeza, son el orgullo de ser quien eres gracias a tus padres. Cuenta conmigo siempre…estas junto a tu familia en mis oraciones. Abrazo enorme.

  3. Laura

    No dudes que desde donde esté, está orgulloso de todos vosotros.
    Un besote gordo.

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