Archivo mensual: enero 2013

Closer

She took my heart, I think she took my soul…but I got it back just in time.

Kings of Leon – Closer
Stranded in this spooky town
Stoplights are swaying and the phone lines are down
This floor is crackling cold
She took my heart, I think she took my soul
With the moon I run
Far from the carnage of the fiery sun

Driven by the strangled vein
Showing no mercy I do it again
Open up your eye
You keep on crying, baby
I’ll bleed you dry
The skies are blinking at me
I see a storm bubbling up from the sea

And it’s coming closer
And it’s coming closer

You, shimmy shook my bone
Leaving me stranded all in love on my own
What do you think of me
Where am I now? Baby where do I sleep
Feel so good but I’m old,
2000 years of chasing taking its toll

And it’s coming closer

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Me largo al Super Bowl

Voy de camino aunque no sé si me quedaré. Voy a cumplir mi décimoprimer Super Bowl consecutivo aunque no sé si tendré que pegar la vuelta antes de tiempo. Aguanta, o no. Haz lo que puedas.

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Un buen paso

Por momentos me gusta estar solo. Disfruto de mi tiempo, mi sueño, mi sofá y mis libros. Mi PS3, mi guitarra, mis plantas y mis ensaladas. Mis masajes, mis zapatillas, mi piscina y mis hamburguesas. Por momentos me gusta mi cama, desnuda, amplia. En otras ocasiones divago por mis pensamientos donde me encuentro de la mano de ella, por un parque, en una playa o en una sala de cine vacía. Quiero compartir mis plantas, mi guitarra y mis ensaladas. Despertarnos tarde, violar mi cama, cargar la habitación de sexo. Viajar sin planes. Planear el futuro. Por momentos podría compartir mis tareas, el baño y muchas risas. Me pregunto si te ríes, si desbordas cariño o juegas a ser fuerte para protegerte. Desde fuera lo veo tranquilo, sin prisa. Desde lejos estudio la situación. De cualquier manera soy feliz, muy feliz, como nunca quizá, pero como nunca desde el comienzo de todo. Estoy tan tranquilo que me da miedo cambiar el curso, dar un paso en falso. Por eso corro, toco mi guitarra y hago reír a mis hijos, cosas todas de paso firme y con final feliz. Soy feliz.

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Día de descanso

Dormí, jugué, leí un artículo de un pavo de la Universidad de Pensilvania sobre Don Juan Tenorio, interesante; fui al cine a ver Ganster Squad… medio chorrada. Día ganado o perdido, como se mire, pero necesario.

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Mi segunda media

Completé mi segunda media maratón con buenas sensaciones. Esta vez fue menos emotiva, no sé, quizá porque ya había vivido todo por primera vez el año pasado. Estaba bien tranquilo, cosa extraña en mí porque siempre me pongo nervioso antes de cualquier evento deportivo. Pero esta vez fue diferente. Disfruté la música que balanceaba a los veinticinco mil corredores momentos antes de la salida. Esa foto sí me volvió a impresionar, toda esa cantidad de gente, todos con una misma intención. Red Hot Chili Peppers (Otherside) con una mezcla de house sonaba mientras cruzábamos la línea de salida.

Empezamos muy fuertes. Lo supe desde que enfilamos la subida del puente de la playa. No me extrañó, pues corríamos un grupo de diferentes experiencias y estados físicos. Uno mucho más en forma que el resto pero medio tocado de la pierna y en su primera carrera larga. Otra experimentada pero que brilló por su ausencia, ya que en la milla dos “se sentía bien” y decidió apretar. Claro, si en la milla dos no te sientes bien es que lo más probable no termines la carrera. Se largó y en la milla 9 la encontré caminando, la esperé, la animé, la acompañé… pero siguió caminado.

De la milla 3 a las 5 fuimos mucho más rápidos de lo que yo sabía que podía ir, pero por mi cabeza pasaba la decisión de bajar el ritmo y quedarme solo durante 10 millas o aguantar lo más que pudiera y luego intentar llegar solo. Todavía hoy tengo mis dudas de si tomé la mejor decisión. Decidí seguir con el grupo a pesar de que por momentos íbamos a 9 minutos la milla, claramente uno y medio más rápido de nuestro ritmo de entrenamiento. Aguanté hasta la milla 9. Sufrí mucho de la 9 a la 10, más por el miedo que ataca la parte izquierda de mi cerebro que por el cansancio. Esa parte trata de razonar contigo para que te pares, para que le busques un sentido a lo que estás haciendo. Busca excusas, te convence de que lo mejor es baja el ritmo, caminar, cambiar la estrategia. Y eso hice por unos ocho minutos donde decidí correr más lento pero por más tiempo, pero le gané la batalla a mi cerebro, me calmé y continué mi plan. Entonces encontré a otro colega del grupo, un ex marine que me empujó durante dos millas: “glide, possitive thoughts” me decía. ¿Glide motherfucker? Si casi no puedo levantar las zapatillas dos centímetros del suelo. En el gemelo derecho tenía un cuchillo de cocina, de esos con los que mi abuela pelaba los conejos en el patio de la Molina de Segura. En el gemelo izquierdo llevaba clavado la lima metálica que tienen los corta uñas y en la rodilla izquierda me iba golpeando con el pico de la mesa del comedor cada vez que la apoyaba en el suelo. En fin, que entre el corta uñas, la mesa y el cuchillo parecía estar más dispuesto a hacer un “garage sale” que una media maratón.

Me quedé solo en la milla once de nuevo. Ya mi mente no daba. La gente gritaba, hacía sonar cencerros, aplaudía, pero yo solo veía caras y cuerpos en silencio, todos parados en el tiempo mientras yo avanzaba sin pausa. Recuerdo sentirme feliz por ir más fresco que el año anterior. Y es que en mi mente yo solo quiero estar mejor que ayer, sentir que mejoro, nada más. No me comparo con nadie, no puedo, solo me comparo con el yo de hace unos días. Pasé el cartel de la milla doce, pero ya no me daban las piernas. El cuchillo, la mesa, el corta uñas eran todos compañeros de viaje durante ya muchas millas. Saqué un gel azul con base en alcohol que se supone que adormece los dolores pero mis acompañantes, sobre todo el cuchillo, se chuparon el gel como si fuera agua con azúcar. Por fin vi el cartel naranja de la meta al fondo. Emocionante. A pesar de que sabía que no vendría mis hijos, los busqué entre la multitud. Llegué solo, crucé solo, caminé al puesto de mi equipo solo, no había nadie, estiré solo y me fui a casa, solo.

El año que viene prometo no estar solo. Mis hijos me verán cruzar la meta.

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A la tercera va… la siguiente

Esta vez estoy menos nervioso que el año pasado. Y es que cuando dicen que el tiempo lo cura todo, tienen razón. Estoy a pocos días de cumplir dos años exactos de separado, bueno, ahora ya divorciado por lo que es la tercera vez que paso por esta situación y me queda claro que la experiencia de las dos anteriores me mantiene hoy tranquilo. El día que se mudaba mi ex debía correr mi primera media maratón. Esa fue la primera vez que pasé una noche de vísperas de una carrera de este tipo. Después de muchos meses durmiendo solo en otro cuarto, esa noche decidimos que por ser la última la pasaríamos juntos. Groso error. Ese primer domingo de mi nueva vida debía correr la media maratón pero no lo hice porque olvidé recoger el número de inscripción. No me di cuenta hasta momentos antes de salir para la carrera, junto con mis compañeros, en casa de una amiga, mientras todos se colocaban su número yo caí en cuenta que no tenía el mío. Esa fue mi primera vez. La segunda fue el 2012, justo cuando cumplía un año de separado. Terminé la carrera feliz, 2 horas y 36 minutos. Mañana es la tercera vez que hago esto, mi tercera víspera (esta vez solo en mi cama), a dos años exactos. Hoy puedo ver claramente la distancia emocional entre esa primera vez, la segunda y la tercera. El tiempo sí cura y transforma todo. Hace dos años estaba perdido. Hace un año estaba triste. Hoy estoy tranquilo.

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No tengo miedo

Mañana corro, pero no tengo miedo. Sé que aguanto fácil, no me queda tan claro que mi gemelo lo haga.

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