Crónica de las 10 millas

Recuerdo muchos días de grandes sensaciones como aquella mañana de verano con una lluvia torrencial, corriendo por el medio de la calle, a penas viendo dos metros delante de mis zapatillas por la fuerza con la que caía el agua. O las seis millas en Green Bay llegando hasta el lago Michigan o bordeando el río Hudson en Nueva Jersey. Muchos sábados con mi grupo los últimos tres años, muchos días con mi tío. Todos han sido especiales, muchos los he sufrido, algunos he tenido que parar, otros he podido esprintar al final. Hoy he corrido diez millas bordeando la bahía de San Francisco. Hoy he disfrutado como recién nacido, sin problemas, sin agobios, nada más el camino, la música, la niebla y yo. La carrera más maravillosa de mi vida.

He salido casi de noche, con mis nuevas dos canciones de Sons of Anarchy listas en mi ipod, un frío de lujo pero soportable. A lo lejos el sol iba saliendo, deslumbrándome del paisaje que estaba por descubrir. Nadie en el camino, el agua calmada, los pelos de punta en mis piernas. Iba avanzando por el camino estrecho, entre árboles, marinas abandonadas, barcos en desuso, pescadores en silencio. De repente una niebla espesa ocultó mis huellas, escondió mi rumbo. Nunca había vivido la sensación de correr a ciegas. Electrizante. Apareció un bosque por sorpresa, los rayos del sol luchaban por cruzar el paraje y la niebla madrugadora. Al cruzar el bosque una marina tranquila con apenas tres valientes en sus kayaks dispuestos a enfrentar el mar helado. Al dar la vuelta en la milla cinco el patrón de la bahía de San Francisco quiso regalarme el mismo paraje, pero esta vez con un sol radiante. Durante todo el camino de vuelta la niebla se despidió hasta la próxima para dejar el protagonismo al bello litoral, el puente rojo al fondo, los aviones que llegaban a su destino. 

A medida que me acercaba a la meta la piel se me erizaba más, pero ya no por el frío sino por la emoción, por tener la oportunidad de correr en lugar tan fascinante, por haber conseguido mi objetivo. La recompensa. La magia de las endorfinas.

Por momentos estaba tan emocionado que quise llorar, pero contuve las fuerzas. Nunca había necesitado tanto una carrera como la de hoy. No pudo llegar en mejor momento. Gracias. San Franciso.

Os dejo las fotos
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3 comentarios

Archivado bajo Deporte, Relato

3 Respuestas a “Crónica de las 10 millas

  1. Patri

    San Francisco me encanta. Las dos veces que fui en vacaciones siempre lo he disfrutado. Me desconecto de todos las situaciones pesadas que he vivido. Cuando fui a Alcatraz, viendo la hermosa vista de la ciudad con un ese rico clima es una sensacion increible. Pero lo mejor fue cuando fui al Valle de Napa y al condado de Sonoma. Es romantico, divino y ver las hileras de los parrales fue lo maximo. Vale la pena para una buena escapada

  2. Sí, es un lugar especial… me quedé con ganas de ver Sausalito. Next time…

  3. Cris

    Simplemente de pelicula… te persivo como ese personaje de madrugada, de tarde y de noche….solitariamente degustando el paisaje mientras apresuras el paso entre la niebla. 10 millas para sumarle a la vida! Abrazo.

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