Las Cataratas del Niágara

Siempre quise ir a las Cataratas del Niágara. Siempre. De pequeño soñaba con varios lugares, uno de ellos es el río Nilo, Egipto y sus pirámides. El Tigris y el Éufrates, Mesopotamia. Transilvania. Y también las Cataratas del Niágara. Hoy por fin cumplí uno de mis sueños.

He viajado a muchos lugares. Más allá de las grandes y pequeñas ciudades que me han fascinado, como Praga, San Francisco, Riga, Vilna o Barcelona. Más allá de las playas de Hawai o la Riviera Maya. Además de París, Londres o Nueva York. Lugares pintorescos como Antigua, San Miguel de Allende o Formentera. De todos he aprendido algo, de todos me he llevado algo conmigo. He visitado maravillas de la naturaleza. Los rápidos de Bali, con un baño debajo de una cascada incluido. Las cuevas de Xcaret en la península de Yucatán, o la playa de Holbox en la otra costa. La selva de Costa Rica cruzando colgado de un cable más de un kilómetro de valle. O la subida a un volcán con baño incluido en su cráter. He disfrutado de aquellos lugares creados por el hombre, y sobre todo de esos rincones sin explicación creados por un ser superior.

Hoy, las Cataratas del Niágara superaron a todos esos otros lugares que algún día me hicieron estremecer de emoción. Quizá ha sido por los años de ilusión y espera. O quizá porque vivimos a un ritmo frenético, pensando que somos superiores a todo, que estamos en control de nuestras acciones. En el coche, en el trabajo, en nuestra casa, nos creemos invencibles, nos creemos especiales. Y cuando ves la fuerza de la naturaleza actuando a su máxima potencia, el poder del agua y la gravedad, la belleza de un paisaje creado por la casualidad de nuestro Mundo, por una energía superior, por Dios. Entonces regresas al más puro estado de vulnerabilidad. Regresas al lugar de partida. Sientes una energía en el estómago. Te sientes pequeño. Insignificante. Tú, en ese agua, sin control, pulverizado en segundos. Tu conocimiento, tu experiencia o tu sabiduría no son nada enfrentados a la fuerza del agua. No existes para ella. La catarata es superior a ti. Y esa pérdida de control se traduce en vida. En perspectiva. Somos más que un trabajo, un número, una casa o un sueldo. Somos parte de un Mundo maravilloso. Una Tierra marcada por lugares incansables, que vivirán más allá de nuestro ser o existencia. Somos parte de un plan.

Hoy cumplí un sueño.

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