Termina un viaje

Hoy regreso a casa después de más de dos semanas de aventuras. A medida que quedan atrás los días malos, suben en la superficie los momentos buenos de un viaje que será inolvidable. La convivencia ha sido jodida, pero a la vez enriquecida por profundas conversaciones, casi con uno mismo, al ser los dos que viajábamos tan parecidos. En realidad yo siempre bromeo de que él no existe, y que soy yo en el futuro dándome consejos a mí mismo. Pues en este viaje ha sido así. Él hablándole a si mismo pero joven y yo hablándole a un yo en el futuro. Además no tenemos fotos juntos para cuando me interroguen en el manicomio no tenga manera de probar de que no viajaba solo y de que no hablaba conmigo mismo.

Nos paró la policía dos veces. La segunda les soborné ofreciéndoles 130 litas, la moneda lituana. Se miraron, sonrieron y me dijeron que dejara la guita en la guantera. No corra tanto dijo uno en lituano mientras movía la palma de la mano de arriba abajo. Claro, claro les dije yo en murciano. Nos timaron dos tías, que luego entendimos que eran putas. Dormimos en la misma cama porque el hotel no tenía camas individuales. Nos perdimos una y otra vez. Me despertaron los mayores ronquidos jamás emitidos. Discutimos. Reímos. Vimos las mujeres más espectaculares de Europa. Fui fiel todo el viaje, como tenía planeado, a pesar de que la mitad del viaje no se consideró fidelidad, sino huída del sexo femenino. Vi los paisajes más hermosos que he fotografiado. Caminamos hasta más no poder.

Ayer culminé mi viaje en Amsterdam, ciudad a la que regresaré. Gratamente me sorprendieron las bicicletas, miles. Me decepcionó la cantidad de gringos, jóvenes muchos, con sus mochilas, esperando pasar esa semana que les cambie la vida. Demasiado comercial. Vi las putas en sus escaparates. Una casi me tira al canal por sacarle una foto. Todo muy plástico, muy comercial, me lo esperaba más pintoresco y acogedor. Para nada cogedor. Demasiado olor a marihuana, que por cierto detesto a más no poder, acto infantil e inmaduro.

Gracias por darme la oportunidad de ser feliz, quizá algún día quieras serlo conmigo, aunque no sé por qué me temo que tú ya no piensas en ese momento y emprendiste un camino sin retorno. Solo el tiempo nos dará la razón. Espero algún día recordar esta experiencia con cariño y sin dolor. De ti tomo lo aprendido y los momentos suaves que pasamos. Pero termina un viaje, regreso a casa para centrarme en lo que de verdad importa. Los que me importan. A los que les importo. Como me concedió la vieja en Cracovia, ser feliz, solo quiero ser feliz.

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