Día de descanso en Tallin

Día de transición en Tallin, Estonia. Dormí más de la cuenta, pero preferí aclarar mis pensamientos, descansar, lo necesitaba. A veces siento que pierdo la perspectiva, tema que ayer me recordaron, y la pierdo donde menos tendría que perderla. Hoy regreso a ese lugar, al sitio donde debo estar, sabiendo quien soy, lo que valgo y por lo que he luchado durante tanto tiempo. Espero ya disfrutar el resto de mi viaje, espero no, disfrutaré el resto de mi viaje. Como en Wimbledon, domingo de descanso.

Tallin es un casco antiguo, nada más. Muy coqueto, mucha piedra, pero con una historia rica. Impacta la historia escrita en sus paredes, literalmente, sus pasajes son estrechos y es inevitable transportarte a aquellas épocas cuando los escandinavos con sus largas barbas y barcos cargados llegaba arrasando todo lo que encontraban a su paso. Un casco antiguo fortaleza, o una fortaleza que se convirtió en casco antiguo. Una plaza preciosa, como pintada en el cielo. Vimos la casa más antigua del lugar, preciosa, de madera. Y la farmacia más antigua del mundo, del siglo XV. La gente tiene el corte escandinavo mezclado con el ruso. Son toscos, grandes y serios. No puedo decir mucho más de la gente, más allá de la poca interacción que tenemos a la hora de pedir comida. No hemos hablado con nadie en todo el viaje, no he tenido el ánimo. Extraño hablar con la gente, conocer sus historias, escuchar como viven, pero a penas he podido dejar tranquila mi cabeza. Nos vamos a Helsinki, Finlandia. Ciao.

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