Archivo diario: Viernes, 7 septiembre, 2012

Berlín

Hoy llegué a Berlín, por fin, después de un viaje de estrés total. La ciudad está partida en dos, ya no por un muro, sino por una historia que todavía se respira y se refleja en las caras de su pueblo. El Este, dañado y melancólico, con mujeres gordas despeinadas y hombres con barbas de tres días. Bares de mala muerte donde la gente come pasta con salsa de tomate mientras bebe grandes vasos de cerveza. Chaquetas viejas de colores marrones, edificios baratos de piedra oscura y espacios amplios con plazas grandes, típicas del régimen comunista. Su gente es grande, torpe, de piernas anchas y espaldas amplías. En el Oeste las calles son más estrechas, limpias, más modernas. La gente, grande y torpe, viste a la moda escondiendo sus piernas anchas y espaldas amplías. Todos los edificios son sobrios pero elegantes. El alemán es simpático y amable, algo que contrasta con su historia. El muro me impresionó. Un graffiti en una de las esquinas con la pregunta retórica: WHY… precisamente la respuesta que tantos buscaron y que todavía hoy, pocos pueden revelar.

Y no podías faltar tú, caminando en la punta de los pies, con un vestido amplío, como esos que utilizas en el teatro. Te vi a lo lejos, en el aeropuerto, y me dio un vuelco el corazón. Pensé que eras tú, pero no. Te sigo viendo a más de diez mil kilómetros de distancia. Con tu pelo rojo y corto. Ha sido un buen primer día, cansado pero productivo.

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Amsterdam

El día que te conocí no me marqué ninguna expectativa pero en el fondo sabía que mostrando esa actitud podría relajarme para ser yo mismo, consejo de nuestra “Celestina”, sabedor él de que las personalidades coincidirían. Hoy, más de dos meses después estoy feliz de haber aceptado aquella cena. No puedo hablar mucho de Ámsterdam y Holanda, tan solo lo que he visto desde la ventanilla de un avión que casi se marcha sin mí. Una tierra encharcada, plétora de agua, manchada con todas las tonalidades del verde. Su aeropuerto sucio y anticuado contrasta con unas caras blancas modernas y estridentes ojos azules. Espero para volar a Berlín, donde me espera la parrilla de salida a una carrera en coche contra el tiempo para regresar de vuelta a este mismo lugar, excitante y liberal, dentro de dos semanas.

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