Archivo diario: Martes, 7 agosto, 2012

Home

Esto va dedicado a todos aquellos que luchamos por algo. Sabéis quienes sois, no importa que enumere una lista interminable, porque lo más probable alguno se me olvide.

Phillip Phillips – Home

Hold on, to me as we go
As we roll down this unfamiliar road
And although this wave is stringing us along
Just know you’re not alone
Cause i’m going to make this place your home

Settle down, it’ll all be clear
Don’t pay no mind to the demons
They fill you with fear
The trouble it might drag you down
If you get lost, you can always be found

Just know you’re not alone
Cause i’m going to make this place your home

Settle down, it’ll all be clear
Don’t pay no mind to the demons
They fill you with fear
The trouble it might drag you down
If you get lost, you can always be found

Just know you’re not alone
Cause i’m going to make this place your home

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Hay boda

Mi hermano se casa. Y es que ha pasado mucho tiempo desde aquel Enano que se escapaba por la terraza mientras debía estar durmiendo la siesta. O el que cantaba Pimpón es un muñeco en una extraña lengua que solo mi madre entendía. El mismo que lloraba al otro lado del teléfono con diez años cuando lo llamé tras el gol de Zamorano que nos daba la Liga después de cuatro años de sequía. El mismo que saltaba conmigo en el sofá de mi abuela viendo los partidos del Canal Plus. El que recitaba todos los goles, jornadas, rivales, alineaciones, fichajes y cualquier otro detalle de todas las temporadas que pueda imaginar del Real Madrid. Aquel que con doce años volvía locos a rivales que le doblaban y triplicaban la edad en los partidillos de fútbol en Miami. Ese que pasaba horas escuchando mis historias de juegos interminables, de cómo yo había parado el balón, lanzado un centro o anotado un gol. Noche tras noche, antes de dormir, soñábamos con ganar un Mundial. Ganar otra Copa de Europa. Con alineaciones de Galácticos. Suker y Mijatovic. El gol de Zidane. Aquel de Raúl en la Intercontinental, sentados los dos en la sala pequeña de casa de mis padres, escuchando una radio vieja de onda corta, el sonido entre cortado, los dos mordiéndonos las uñas y llorando de alegría tras el gol del 7. Éramos campeones del Mundo. Y luego lo fuimos otra vez, en Sudáfrica. Y fue al primero que llamé desde Soccer City, en Johanesburgo, tras el pitido final. Y lloramos juntos. Igual que cuando él me llamó desde la inauguración en Alemania 2006 y nos prometimos estar algún día juntos en un Mundial. Ese mismo que tras largas discusiones, desahogando nuestras frustraciones por la interminable supremacía del Barcelona sobre el Real Madrid, me hizo entender que sus opiniones era tan válidas, y muchas veces más acertadas, que las mías. Aquel que creció para ser un hombre cojonudo, un ejemplo de valor y honestidad, trabajador, emprendedor, pionero. Dulce como nadie. Con un corazón que no cabe en ningún pecho. Sin una mala intención hacia nadie. Mi hermano no tiene malicia, y nunca perjudicaría a nadie, pero cuando digo nunca, es nunca. Amigo de todos. Y todos sonríen, agrandan los ojos, bajan la mirada cuando hablan de él. Y mi pecho se infla, de orgullo. Porque mi hermano es de lo mejor que me ha pasado en la vida, cualquiera que sienta su amor dice lo mismo. De privilegio podemos hablar si eres cercano a mi hermano. De honor haber sido en algún momento un ejemplo para él.

Te quiero chaval!!

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