Archivo diario: Sábado, 14 julio, 2012

Tengo treinta y cinco

Hoy me acordé de la muerte, sin saber muy bien por qué, ya que me siento más vivo que nunca. Pero me acordé de la muerte, mientras veía fotos de mi tío. Será porque hace una semana me di cuenta que voy a cumplir treinta y siete este año, y es que yo vivía convencido de que tenía treinta y cinco, y no, tengo treinta y seis. Me di cuenta que mi tío va a cumplir cincuenta y siete, un número que me suena ya muy cerca, además de que me recuerda a la muerte. Cuando pienso en la muerte pienso en mi tío, porque me duele extrañarlo. No se va a morir, ni yo tampoco, pero el hecho de pensarlo me produce un dolor en el pecho, como un vacío, un dolor profundo de añoranza. Quizá es por lo que lo extraño a menudo, que entonces lo proyecto al día que alguno falte. Pero ese es el cariño de verdad, el de pensar en la ausencia y que duela.

Justo ahora acabo de preguntarle a Alicia si tengo treinta y cinco o treinta y seis. Soy tan desastre que me he estresado con un año de antelación, porque gracias a la calculadora de su teléfono acabo de confirmar que todavía tengo treinta y cinco. Mientras introducía los números en el teléfono me dio una ansiedad aguda, como si mi próxima depresión dependiera del resultado de la resta, 2012 menos 1976. Y por suerte dio treinta y cinco.

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