Las piscinas

Tengo que confesar, y no me avergüenzo, que aprendí a nadar a una decente entrada edad. Mis amigos quizá aprendieron por ahí de 1982, cuando todos tenían entre seis y siete años, yo recuerdo tener ya casi diez y seguía agarrado de la escalera en la parte más honda de la piscina. Una vez que aprendí a nadar llegué a ser el más rápido entre mis amigos, aunque no tenía mucha resistencia. Era como un coche de esos explosivos que solo corren unos cincuenta metros a toda velocidad, pero inservible en largas distancias.

Una vez que le perdí el miedo al agua, porque el respeto no se lo he perdido todavía, aprendí a tirarme de cabeza a la piscina. Entonces descubrí el momento más divertido del día, justo ese instante de adrenalina que recibes antes de tirarte al agua. La expectación, los ojos de los turistas puestos en unos flacos que corrían con las zapatillas puestas para saltar haciendo el burro. Jugábamos a hacer saltos de longitud en la piscina, corríamos por el pasillo que daba a la piscina, con las zapatillas puestas, a toda velocidad y saltábamos lo más lejos posible del bordillo. Yo disfrutaba de correr, saltar, salir una y otra vez, volver a saltar. Nos podíamos pasar toda la tarde en eso. O buceando. Buscando dinero en lo más profundo de todas las piscinas de Calas.

La nuestra era la del Complex, pero también nos gustaba la de Cala Antena, donde aprendimos a nadar. La del Hotel América era profunda y con el agua muy azul oscuro y fría. En frente de casa de Alvaro tenía forma de playa, pero había siempre mucha gente. En Chiuauas y Mastines la piscina era inmensa, con unas setas gigantes y un tobogán, pero no cubría mucho, solo a la altura de mi pecho y eso a mí me aburría. Pero nos gustaba la piscina climatizada de Mastines, siempre había turistas entradas en edad, y eso nos daba morbo. Me gustaba la cascada que tenía la piscina del hotel justo al lado de mi casa, no recuerdo el nombre. Como la mayoría de nombres de Calas, los he olvidado.

Las piscinas de Calas de Mallorca han marcado muchos recuerdos de mi infancia. Ahí me crié, en ellas pasé la mayoría de las horas de mis veranos, disfrutando con los colegas. Regreso a Calas este verano, para disfrutar, una vez más de sus piscinas.

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