Archivo mensual: julio 2012

Risas

La verdad que si mi hermano viviera aquí, la vida sería más divertida. Seguro también discutiríamos más cuando pierde el Madrid y yo me enfado con su entrenador pelotudo, pero también nos reiríamos más de cualquier chorrada, las comidas en casa de mi madre estarían completas y tendría otro amigo para compartir mi día a día. Me alegro por él, por su vida, por NY y quizá Mallorca, pero es una mierda tener a otra persona que quiero lejos.

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Bienvenido a Tijuana

A veces, muchas, quisiera no tener prejuicios. Me gustaría no encajonarme en estereotipos estúpidos, ciertas maneras de ver las cosas, que aunque muchas tienen lógica en mi cabeza, otras me persiguen cuando quiero tomar decisiones que van en su contra. Quisiera no escuchar la voz conservadora de mi madre, resoplando, levantando las cejas, aclarando tajantemente su gran desacuerdo sobre el tema. Quisiera poder volar a Australia, o a Japón, cualquier semana del año sin tener que aceptar que hay un momento y un lugar para hacer las cosas. Me gustaría poder explorar y entender que hay muchas maneras para llegar a Roma y que no necesariamente debe ser uno de los tantos caminos que me enseñaron.

A veces, muchas, quisiera poder hacer funcionar todo a mi alrededor de la manera menos convencional, pero de la manera correcta. Me gustaría poder ver las cosas como Manu Chao, o algunos amigos, con un abanico de posibilidades mayor al que me he acostumbrado. Odio los “uff, que locura” o “mmm, ¿estás seguro?” cuando muchos de los que se pronuncian no tienen ni puta idea de lo que sucede del otro lado de la cortina. Solo han visto la obra desde la butaca. Para opinar de toros, debes haber primero sentido la amargura del capote. Esta vez pienso hacer las cosas bien, pero como se me salte la gana a mí.

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Mi vida

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Yo sí tengo una chica

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El día después

Tras los despidos…parecido al paso de un huracán, con una calma extraña y destrozos visibles. Un día jodido. Espero dormir algo esta noche porque ayer eran las 5am y seguía skypeando con Alicia.

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Día jodido

Despidos…siempre ponen en perspectiva la importancia del trabajo, además de lo vulnerables que somos.

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Si no tuviera a mis hijos

Culmina una semana de lujo con mis hijos. Sus risas, su piel tostada por el sol, la piscina, los pelos de Sebas. No importa que mecione lo que los quiero, ya lo sabéis, pero esta semana creo que los quise aún más. Necesitaba pasar este tiempo con ellos después de tantos viajes y salidas.

Marcos es un hombre pequeño, me habla queriendo ser mayor, a pesar de que es un payaso como era y es su padre. Ayer se arrancó otro diente, ya van dos que se le “caen” en tres días. Estaba feliz, deseando llegar al campamento para contarle a sus amigos. Es un abogado, como también lo fue y es su padre. Ayer me convenció de que tenían que ir a dormir a casa de su abuela porque la extrañaba, porque ya habían dormido seis días conmigo y “necesitaban” ver a sus primos. Sebas me llama papa, con acento en la primera a. Así como los gitanos llama a su “apa”, él me dice papa. Se cuela en mi cama a las seis de la mañana, se tumba en mi pecho, me rodea la cabeza con sus brazos y me dice “I love you papa”. Así nos quedamos “dormidos” hasta las siete. ¿Cómo me voy a quejar?

En algún momento, no hace mucho tiempo, dudé de si podría ser papá soltero, custodia compartida, las tareas, las comidas, las mochilas y lavadoras. Sería mucho más fácil verlos dos días de vez en cuando. Sería más fácil no trabajar, no tener que ir al médico, sería más fácil no hacer deporte y estar en forma. Sería más fácil no leer y saberlo todo. Pero entonces no sabríamos la satisfacción que produce terminar una carrera, o un libro, o un proyecto. Tampoco sabríamos la sensación que produce ver crecer a tus hijos, verlos durmiendo, despeinados en las mañanas o recién bañados en las noches. La cara manchada de galletas Oreo, las picadas de mosquito en las piernas, el pelo cubriéndole los ojos. No sabríamos lo que es querer a un niño en los momentos buenos y malos, descubrir la evolución de su personalidad, enseñarles a pasar el balón por debajo de las piernas o a inventarse cuentos antes de dormir. Si no tuviera a mis hijos no sería quien soy. Si no tuviera a mis hijos no entendería que la vida vale más que todo lo demás que creemos importante. Si no tuviera a mis hijos no podría reír, no sería feliz.

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