I am CrossFit

Me fascinan las sensaciones que siento al hacer ejercicio. Desde siempre, desde que casi perdía el conocimiento haciendo series de 400 metros a 1:02, o cuando jugábamos al fútbol en Calas de Mallorca hasta perder las fuerzas en las piernas, o subía a la montaña con mi tío acojonado por los fuertes vientos, desde entonces hay algo en ese sufrimiento que me atrae. Odio perder el control en mi vida, pero hay algo de perder el control de mi cuerpo en el deporte que me fascina. Esa sensación anaeróbica, de pánico, cuando la mente empieza a correr y pensar en lugares que jamás has estado. Es mi terapia. El sudor, el dolor, la respiración agitada. La sensación de superación. El empujarme cuando ya mi mente cree que no puede más. Las cuchillas en los músculos, el dolor de pies, todo se torna en cámara lenta.

Mi entrenador de atletismo, Mateo Domínguez, siempre nos decía que si no terminábamos con pájara (mareados) cuando hacíamos series de 400 metros es porque no las habíamos hecho a tope. La satisfacción de sentirme en forma es algo que me enloquece. No me importa estar más gordo que el resto, ni levantar menos peso, lo único que me importa es estar más fuerte hoy que ayer. Después de cuatro rondas de 20 pull-ups (flexiones de barra), 30 flexiones, 40 abdominales y 50 squads (sentadillas) en 44 mintuos, no puedo ni apretar las techas de mi Mac, pero me siento en paz.

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Archivado bajo Deporte, Reflexión

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