Mi hijo el filósofo

Recuerdo como si fuera ayer la primera vez que mi abuelo me llevó a ver un partido de fútbol. Fue el 12-1 de España a Malta. Años después un amigo de mi padre, Juan el chófer, me invitaba a su casa los miércoles cuando el Madrid remontaba marcadores imposibles en la Copa de la UEFA. Nos sentábamos en su sofá incómodo, delante de la mesa camilla donde Carmen, su esposa, nos servía unos trozos de magra que sabían a gloria. Allí yo comía jamón y pan, mientras forjaba un amor que todavía es inquebrantable. No olvidaré esas noches, como Marcos no olvidará jamás la noche de ayer.

Jugaba el Miami Heat, equipo ya de la casa. Los puse a dormir pero mientras yo pelaba patatas en el counter de la cocina, de repente apareció una cabeza de la nada. Marcos que no podía dormir. Entonces pidió quedarse a ver el partido y me acordé de Juanito, y las remontadas, y el Madrid. Pensé que esta noche podría ser su Copa de la UEFA. Le dejé que se quedara. Mientras veíamos el partido, pegábamos cromos Panini de la Eurocopa, y Marcos no se callaba. Me pregunta todo. Estaba tan alterado que no paraba de contarme cosas. En un momento incluso me preguntó que por qué me estaba preguntando tantas cosas. Él mismo se extrañó de la cantidad de cosas que me estaba contando. Estaba excitadísimo. Celebrando cada machaque. Contando los puntos y la cuenta regresiva del reloj. Ya bien entrada la noche (bueno, para padre soltero e hijos, lo que significa las diez más o menos) estaba de un filósofo que me dijo:

–    Papi, quiero empezar mi vida de nuevo.

Yo no pude evitar partirme pero él estaba tan serio que no quise perder su confianza por lo que tuve que disimular con un cromo de un eslovaco que era horrible. Le pregunté por qué quería hacer algo así y me dijo que porque él era un niño muy bueno pero que alguna vez había sido antipático con un amigo suyo, y que quería comenzar su vida de nuevo. Le dije que no importaba, que se olvidara del pasado, que ya lo hecho, hecho estaba pero que a partir de ahora nunca más fuera antipático con nadie. Entonces me contestó:

–    Es que quiero conocer mis verdaderos sentimientos, aunque en realidad no tengo ni idea qué significa eso.

Yo me partía el culo de lo serio que estaba. Era un hombre atrapado en un cuerpo de siete años. Su nivel de filosofada era tal que yo no quería que terminara el partido nunca. Conectamos como nunca.

Mañana juega el Miami Heat otra vez. Espero que ganen para así la semana que viene poder hacer de nuevo una noche especial con Marcos, pero esta vez con hamburguesas y patatas fritas en vez de jamón. Y el 10 de junio otra vez cuando España juegue contra Italia. Estos niños no tienen escapatoria, como tampoco la tuve yo en aquellas noches mágicas en el Santiago Bernabéu.

1 comentario

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Una respuesta a “Mi hijo el filósofo

  1. Cris

    Y un dia Marcos recordara…como filosofaba viendo un juego de Miami Heat con su papa… Simplemente hermoso! Que lindos momentos de conexion padre e hijo, disfrutenlos!

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