Archivo diario: Viernes, 18 mayo, 2012

Más cubano que nunca

Como ya muchos sabéis, tengo un transplante de riñón. Pocos quizá, sabéis que el riñón pertenecía a un cubano que murió en un accidente casero, trágico. Pues sí, desde siempre tuve una conexión especial con Cuba, no sé, Silvio, mi primera novia en Miami, uno de mis primeros colegas, los chistes, Alvárez Guédez, el café, el arroz con frijoles y muchas otras cosas más. Cuba es gran parte de Miami, y Miami de Cuba, y a mí siempre me ha fascinado su despecho, su cuento y su triste alegría. Sus gritos, su arrogancia, su entusiasmo y un poco también, por qué no, su vagancia. El cubano resuelve como ninguno. El cubano inventa. El cubano es extrovertido, y te cuenta su vida. El cubano tiene una magia para sobresalir como no tiene nadie. El cubano no pasa desapercibido. La cubana, menos.

Hoy fui cubano por unas horas. Visité la feria de Cuba Nostalgia, con su música, sus croquetas, su dominó y su café cubano. Sus guayaberas, los tostones, los cuadros de La Habana y su gente sonriente. Me lo pasé muy bien, como en casa. Conocimos gente, nos contaron su vida, sus raíces españolas y todo eso que siempre termina contándome el cubano, porque yo suelo agradar mucho al cubano. Me gusta el calor del cubano, su risa y su inmediata confianza. Terminamos en el mítico Café Versailles, tomando un verdadero café cubano ya de madrugada.

El cubano es especial. No se corta, ni se calla. No sabe susurrar y le gusta interrumpir. El cubano camina erguido, con la frente en alto. Te mira a los ojos, se acerca extremadamente para hablarte claro. El cubano transparente me fascina. En la barbería, la cafetería, el mecánico, pintor, jardinero, el vecino, el primo del vecino. El cubano no tiene familia, tiene mucha familia. El cubano no tiene barco, tiene bote. El cubano no recuerda, vive en el pasado. El cubano no habla de política, resuelve el mundo. El cubano no baila, siente. El cubano no trabaja, tiene un negocio. El cubano no vive, se apasiona.

Amo Cuba, y algún día la recorreré entera, en uno de esos coches antiguos de las postales. Con mi cámara de fotos, pantalones cortos, sombrero y gafas de sol. Hoy fui más cubano que nunca.


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