Archivo diario: Jueves, 10 mayo, 2012

Soy un tío simple

Yo soy tan sencillo que hasta os voy a decir el secreto para conseguir todo y cuanto queráis de mí. Todo acercamiento con dulzura, sin egos, sin orgullos, sobre todo sin orgullos. Sin agendas, sobre todo también sin agendas, será recompensado de la misma manera. Lo que quieras de mí, solo pídelo sin pedirlo. Sin que yo note que te quieres aprovechar, que quieres verme la cara de pendejo. Soy un tío tan simple que me gusta un sofá más que una obra de teatro, un parque más que una fiesta de cocktails, la montaña en pantalón corto más que una reunión ejecutiva en traje. Me puedo pasar todo un día viendo fútbol americano, o películas. No leo un libro completo en más de un año, he ido al cine poco en ese año, tampoco me gusta la ópera, ni tengo ipad. No me preocupo de limpiar mis zapatos y puedo usar los mismos pantalones tres días seguidos. No sé que voy a hacer el sábado en la tarde. No me apetece hacer lo que ya tengo planeado para mañana. Odio las despedidas pero me encantan los recibimientos en el aeropuerto. Amo el mar pero no me gusta la playa. Me gusta la playa, corrijo, no me gusta la arena y el agua salada. No me importa la arena, corrijo, pero no me gusta el sol abrasante. A pesar de que me encanta el sol y sudar. Soy simple y raro a la vez. Mucho. Puedo parecer orgulloso, pero en realidad es que me han hecho tanto daño que ahora no cedo nada por nadie, me protejo, como una tortuga asustada, dentro de su caparazón. Y no pienso salir mientras presienta peligro. Me cuesta confiar en alguien que me metió el dedo en el culo, porque no me gusta que me lo metan dos veces. No soy rencoroso, pero sí desconfiado del que me caga o me va a cagar. Odio el conflicto, me produce conflictos internos que me obligan a discutir… y a armar un conflicto. Lo cual se contradice. Me caga que me juzguen los imperfectos, o sea todos, porque es muy fácil solucionarle la vida al prójimo dijo el cura con la mano en la tierna pantorrilla. No soy perfecto, pero hago todo con honestidad, tratando de pensar en quien tengo delante, a un lado y justo detrás. Duermo todas las noches orgulloso de quién soy. Un buen hombre. Un buen padre. No el mejor, ni mucho menos. Extraño a mi hermano, cada día más. A mí padre también. Pero no puedo salir de mi caparazón. Porque no aguanto más, no soporto ni una gota más de dolor. O sea que prefiero seguir encerrado, lejos del dolor. Soy feliz.

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