La feria

Las ferias siempre me han dado miedo. Quizá porque la feria de mi barrio en Palma estaba plagada de gitanos, tanto los que manejaban las atracciones, como los que merodeaban por sus pasillos ruidosos de tierra y gravilla. En Palma solo había una feria, y llegaba en marzo. Quedaba a dos minutos de mi casa, bajando por el puente de La Riera. Todas las mañanas y todas las tardes, de camino y de regreso del instituto pasaba por la entrada de la feria, y allí estaban todos los gitanos, con sus pantalones vaqueros gastados, y sus pelos largos, sucios y negros. Pegando gritos, otros bailando las diferentes músicas procedentes de cada uno de los puestos, algunos fumando, otros esperando la ocasión para robarle el dinero a los payos como yo. Siempre iba con mi tío, y a pesar de que me sabía de memoria el recorrido y cada uno de los monstruos del castillo del terror, cada vez que me subía me asustaba en las misas esquinas cuando salían los gitanos con la pintura en la cara desgastada para asustarme con desgano. Nunca entraba en el palacio de los espejos porque me daba claustrofobia. Era flaco en ese entonces pero siempre tenía sueños que quedaba atrapado en habitaciones o pasillos, por eso, la estrechura del palacio de los espejos, con esos cristales llenos de dedos y mierda me daba ansiedad. Todavía me produce la misma sensación cuando veo a mis hijos adivinar la ruta adecuada para encontrar la salida. Me encantaban los coches de choques, pero siempre conducía mi tío.  No me subí en el barco vikingo y la noria de producía vértigo. La montaña rusa me mareaba y la rana me hacía vomitar. Por lo que me quedaba para disfrutar el látigo, y poco más. Alguna que otra carrera de camellos tirando las bolas en unos agujeros con números, tiros de básquet para ganar algún que otro peluche horrible y sucio, y nada más, porque todo lo que volaba alto o a demasiada velocidad me producía estrés.

En fin, que nunca he sido de ferias, y a pesar de que me dan miedo me gusta el ruido, la música, las luces y los colores. La gente fea y diferente. Los tatuajes, los olores, las comidas grasientas, las limonadas y las gitanas rumanas de ojos oscuros y labios gruesos.

Ayer llevé a mis hijos a su primera feria. Disfrutaron más de lo que jamás disfruté yo a pesar de que me encantó el ruido, la música y las gitanas sudafricanas de tetas caídas y pantalones ajustados. Comimos hot dogs y hamburguesas, limonada y nos tiramos juntos de un tobogán gigante, de esos que te sientas en una manta sucia y rota.

Sebas dijo al salir que había sido “the bestes day ever”. En realidad sí lo fue.

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3 comentarios

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3 Respuestas a “La feria

  1. Cris

    sencillamente encantador ese reflejo de tu infancia y la de tus hijos…en una feria! Creo que la alegria de los ninos lo dice todo! Que rico tener momentos felices!!!…asi debe ser toda la feria de nuestra vida! 🙂

  2. Muy buena Enano. Es una máquina tu amigo. Gracias Chris, se lo pasaron super bien…

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