Archivo diario: Jueves, 1 marzo, 2012

Mi pelo

Yo no tengo el pelo de mi hermano. Tampoco el de Bono. Y mucho menos el de mi tío Sebas. Hoy me corté el pelo, por segunda vez en siete días. Y es que la primera vez, hace siete días, me lo dejaron muy largo de arriba, que me queda muy bien mojado pero cuando se seca parezco una versión sin mucha gracia del profesor chiflado o una especie de Doc de Regreso al Futuro pero sin la máquina del tiempo.

Pero hablando de tiempo, hubo un momento en mi vida que mi pelo era del bueno. Que de haber querido lo hubiera podido donar. Y hoy tengo que pagar dos cortes de pelo para que me quede decente. Mi pelo era lacio. No como el de mi tío, además yo no toco la guitarra. El de mi tío vuela mientras él corre, y cae suavemente sobre sus hombros cuando lo acaricia con sus dedos. El mío planea de mala manera cuando corro, y cuando le meto los dedos se queda electrocutado como si mis manos transportaran una carga de 120 voltios. Así como se te quedan cuando te acercas a la televisión, así me queda el pelo cuando me lo intento sobar. Tampoco tengo el pelo de Sebas. Tengo el pelo de mi padre, estopa, estropajo, pero menos grasoso y en mayor cantidad.

He tenido el pelo bien corto. Hacia abajo como el cateto de Torrente, el brazo tonto de la ley, el de las pajitas en el choche, el primo de la guarra de la pescadería y las gafas de culo de vaso. También lo he tenido largo. Horrible, como el del profesor chiflado. He cumplido promesas, como cuando España ganó la Eurocopa y el Mundial y me lo rapé al cero. Pero nunca como el pelo de antes. Después del transplante de riñón mi pelo se enfadó conmigo y desde entonces me hace la vida imposible.

Ahora os dejo con una colección de mis diversos peinados a lo largo de mi vida. A ver cuál os gusta más. También incluyo a mi tío, mi hermano, mi padre y mi hijo Sebas, por eso de las referencias.

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