Archivo mensual: marzo 2012

Rescue me

Hace más de dos años que escribo en el mortero por lo que es imposible que los escritores de Rescue me pudieran haberlo leído en el 2004. Esta serie, mi nuevo vicio, recomendada por mi hermano, me está revolviendo un poco el potaje. Mis hijos de crucero, por lo que siento un extraño escozor de celos, una marcha de antología ayer, por lo que siento un extraño bajón de adrenalina, y ahora esta serie calcando capítulo a capítulo los últimos años de mi vida. Por lo que siento un extraño vértigo. Pero algo me dice que tengo que seguir viéndola, quizá porque aprenda algo, o lo más probable porque ponga un punto y final.

No os voy a contar la serie porque ya habéis leído mi blog. Estoy disfrutando mi día solo, aaahhh, mi sofá, dos hamburguesas a la barbacoa con mis rommates, mi tele, mi nueva serie…. Ahhhh pinche serie.

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El freno

Yo siempre, o casi siempre doy una buena primera impresión. Hoy no di una buena primera impresión, y luego di una muy buena primera impresión.

En realidad llevo tres semanas que vivo con el freno puesto, siendo menos simpático y amable de lo que soy. Vivo enjaulado, sonriendo menos. Vivo paseando por las horas, mirando el reloj para que llegue la siguiente y esperando la de más allá. Hasta hoy, que solté el freno. Me dejé llevar y sonreí. Me voy desprendiendo de lo que sobra, siento que peso menos, entonces puedo sonreír.

Ahh hoy me sentí bien otra vez. Me siento feliz. A veces, que poco se necesita, y está ahí, enfrente, tan cerca pero tan oculto a la vez. Hoy me volví a tropezar con ello. Bailé. Disfruté de mis amigos y mis amigas. Solo amigos y amigas. Feliz. Que fácil ha sido. Tres semanas perdidas. O quizá necesarias para no volver a cometer ese error.

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Thank you

I like when you worship me. Gracias.

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Me sacaron sangre

Odio que me saquen sangre. Y odio vomitar. No tienen nada que ver la una con la otra, a no ser que te llames JD y que te estén sacando sangre por primera vez. Para ser exactos, la primera vez que me sacaron sangre me desmayé. No en su totalidad pero diría que cerca al ochenta por ciento. No recuerdo muy bien por qué fui al médico, ah ya me acordé. Me acababan de descubrir el problema con los riñones entonces ese día, que creo que era mi primer día en un hospital me iban a hacer una biopsia en el riñón. El caso es que la primera prueba era sacarme sangre, con mi mala suerte que me pusieron a la novata de turno para practicar en mi vena. Yo, acojonado ya desde el primer rayo de sol, en ayunas, y esta tía más nerviosa que yo. Mi vena dando la vuelta al brazo, casi escondiéndose detrás del codo, mientras que la chica movía la aguja por todo lo ancho del brazo. Pinchaba y movía, y la pobre casi lloraba. Yo sudaba y casi lloraba. La puta vena no aparecía y mi brazo parecía la cara de un boxeador. El caso es que me desmayé, o vagamente recuerdo. Luego me sentaron en un a silla de ruedas para llevarme a una camilla a la sala de espera. Me hicieron biopsia, salió todo mal y cinco años después me transplantaron.

Pero meses después del primer episodio de desmayo, eso era por octubre del 99, me llevaron a las primeras pruebas del centro de transplantes. Allí también llegué en ayunas, mareado por el manejo de mi madre, cagado porque sabía que me sacarían sangre y entonces pasó lo que tenía que pasar. No me desmayé, pero sí vomité. Recuerdo todavía el trago amargo del ayuno mientras me pinchaban, esta vez ni sentí la aguja, pero todo mi cuerpo se convirtió en un bloque de hielo. Yo trataba de tragar saliva, respiraba, pero nada pudo evitar la pota en medio del pasillo del laboratorio. A ese laboratorio volví cinco años después, ya transplantado, y regresé cada dos días por los primeros dos meses, y luego cada tres días y ahora voy cada dos meses. Por suerte nadie me ha reconocido tras casi siete años de transplantado. Nadie recuerda el episodio.

Hoy me volvieron a sacar sangre, y a pesar de que lo hacen cada dos meses todavía no es un proceso agradable para mi. Hoy no vomité.

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Idea para mi novela

Ayer en la ducha pensaba que debo retomar mi novela, y en ella insertar los morteros que más me gustan, además de aquellos que tengan lógica. Porque en mi historia puede haber de todo, como por ejemplo la feria en Colombia, o la añoranza de una playa en Cuba, o de la niñez o el recuerdo de un familiar lejano, o el corazón roto por un amor imposible. O muchas otras situaciones que me han sucedido en estos más de dos años de escribir diariamente, y que no necesariamente han tenido que ver con mi novela pero que perfectamente estas historias las podemos hacer encajar con ella. Claro, no le podéis decir a nadie. Aunque tampoco es trampa, escribir es escribir y no todos lo hacen de corrido, ni con un principio y un final en mente. Un día de estos que saque fuerza le empiezo a dar orden a todos estos blogs.

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Lunes, martes o sábado

Hoy me despertaba soñando que era sábado. Soñando que no tenía nada que hacer. Deseando que fuera sábado. Ayer Crossfit me mató de nuevo. Y hoy en la mañana me tomó unos minutos descifrar si era lunes, martes o sábado. Todavía ahora que me siento a escribir dudé de si era martes o lunes. Es martes. Jugó el Madrid, y ganamos. Pero en la mañana, cuando me despertó mi ex para preguntarme si le daba tiempo llevar a Marcos primero a su colegio y luego ir a la escuela de Sebas tardé un tiempo en entender por qué llevaba a los niños al cole un sábado. Luego descubrí, para mi decepción, que era día de semana, aunque no tenía muy claro cual. Esto es lo que el deporte extremo, o más bien la exhaustación total (en su mal uso) provoca en tu cuerpo. En fin, que solo es martes, aunque escribo como si fuera lunes soñando con el sábado.

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Gracias

Pasamos las dos cientos mil visitas sin darnos cuenta. Y digo pasamos porque fuisteis vosotros. Yo solo os di un motivo, a veces por curiosidad, otras por ver lo trillado que estoy, y espero que algunas os haya hecho reír o aunque sea pasar un buen rato. Y perdón cuando digo que no escribo para nadie pero tengo que seguir pensando así para poder serme sincero. El día que piense en quien me lee dejaré de decir las cosas como las siento. Aunque eso no significa que no disfruto de los comentarios, por cierto extraño a Mara, espero que estés bien. También sé que os canso, pero igual, no puedo dejar de decir lo que siento. A veces también me canso a mi mismo, pero yo no puedo dejar de leerme. Y algunos días disfruto más que otros. Como con La Feria, o mi Crossfit o Kony y muchos otros más que quizá no os gustaron pero que yo disfruto de escribir y de leer. Agradezco los ánimos, agradezco que caminéis conmigo aunque sea una parte del camino.

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La feria

Las ferias siempre me han dado miedo. Quizá porque la feria de mi barrio en Palma estaba plagada de gitanos, tanto los que manejaban las atracciones, como los que merodeaban por sus pasillos ruidosos de tierra y gravilla. En Palma solo había una feria, y llegaba en marzo. Quedaba a dos minutos de mi casa, bajando por el puente de La Riera. Todas las mañanas y todas las tardes, de camino y de regreso del instituto pasaba por la entrada de la feria, y allí estaban todos los gitanos, con sus pantalones vaqueros gastados, y sus pelos largos, sucios y negros. Pegando gritos, otros bailando las diferentes músicas procedentes de cada uno de los puestos, algunos fumando, otros esperando la ocasión para robarle el dinero a los payos como yo. Siempre iba con mi tío, y a pesar de que me sabía de memoria el recorrido y cada uno de los monstruos del castillo del terror, cada vez que me subía me asustaba en las misas esquinas cuando salían los gitanos con la pintura en la cara desgastada para asustarme con desgano. Nunca entraba en el palacio de los espejos porque me daba claustrofobia. Era flaco en ese entonces pero siempre tenía sueños que quedaba atrapado en habitaciones o pasillos, por eso, la estrechura del palacio de los espejos, con esos cristales llenos de dedos y mierda me daba ansiedad. Todavía me produce la misma sensación cuando veo a mis hijos adivinar la ruta adecuada para encontrar la salida. Me encantaban los coches de choques, pero siempre conducía mi tío.  No me subí en el barco vikingo y la noria de producía vértigo. La montaña rusa me mareaba y la rana me hacía vomitar. Por lo que me quedaba para disfrutar el látigo, y poco más. Alguna que otra carrera de camellos tirando las bolas en unos agujeros con números, tiros de básquet para ganar algún que otro peluche horrible y sucio, y nada más, porque todo lo que volaba alto o a demasiada velocidad me producía estrés.

En fin, que nunca he sido de ferias, y a pesar de que me dan miedo me gusta el ruido, la música, las luces y los colores. La gente fea y diferente. Los tatuajes, los olores, las comidas grasientas, las limonadas y las gitanas rumanas de ojos oscuros y labios gruesos.

Ayer llevé a mis hijos a su primera feria. Disfrutaron más de lo que jamás disfruté yo a pesar de que me encantó el ruido, la música y las gitanas sudafricanas de tetas caídas y pantalones ajustados. Comimos hot dogs y hamburguesas, limonada y nos tiramos juntos de un tobogán gigante, de esos que te sientas en una manta sucia y rota.

Sebas dijo al salir que había sido “the bestes day ever”. En realidad sí lo fue.

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Assim voce me mata

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