Mi letra

Tengo una letra horrible. No recuerdo nunca haber hecho caligrafía, imagino que en el curriculum escolar de Son Maciá, Manacor, se olvidaron de ese tan importante paso en el aprendizaje de los niños. O lo más probable es que nunca llegó el camión de correos con las libretitas por lo que yo nunca aprendí a escribir. Debí ser médico, porque no es que los médicos escriben mal, sino los que escriben mal se hacen médicos. Pronto comencé a escribir en una máquina eléctrica que me regalaron para mi comunión, en 1987. Desde entonces, y como yo tenía visión de futuro, pensé que esas máquinas acabarían con nuestra obsoleta escritura manual. Y así fue. Luego aprendí con una Lettera 74 o 64, de esas grandotas, allí en la plaza Madrid, plagiando libros del siglo de Oro español. Y nunca más tuve que escribir a mano. Alguna que otra planilla en el doctor o en la universidad, porque ni en ésta tuve que hacer exámenes escritos ya que solo había que rellenar los espacios de A, B, C o D. Hoy solo tomo notas a mano en alguna que otra reunión que no me permita llevar mi ordenador. Me encanta escribir, como ya habéis visto, pero odio escribir a mano. Cuando fui a Praga escribí dos cuentos, Staña y Petra, a mano pero tardé meses en poder pasarlos a mi Mac porque no entendía mi letra. Está feo yo lo diga, pero con lo bien que escribo, lo mal que escribo.

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