Archivo mensual: diciembre 2011

Feliz año 2012

Será porque mi familia está lejos, y porque es la primera vez que pasó unas fiestas así, pero me siento lejos de todo. Desconectado de todo. Con miedo de que llegue el siguiente minuto, pero a la vez deseando que pasen de diez en diez. Quizá será porque voy a una fiesta que puede que torne incómoda por la compañía. O porque estoy haciendo una paella y no sé como carajo me va a quedar. También puedo llegar de los primeros para que nadie vea que yo llevé la paella. O puede ser por haber sido rechazado de nuevo. O por qué me pregunto dónde cenara hoy. El caso es que debería estar tranquilo pero no lo estoy. Le doy vueltas en mi cabeza, qué puede ser que me tiene así, pero no encuentro la respuesta. Solo el remedio: que llegue ya el 2012.

Pero pongo Moment of Surrender y se acercan mis hijos. Marcos me abraza, quiza presiente algo. Entonces Marcos y yo cantamos: “And they did not notice me…” “…begging to get back to my heart. To the rhythm of my soul! Y todo tiene sentido otra vez. U2 y mis hijos, son infalibles.

Por cierto, la paella me ha quedado cojonuda. Que pedazo de chef que soy, la hostiaaaaaa.

Feliz año a todos!!

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Un año inolvidable

Hace justo un año estaba muerto de miedo. No recuerdo muy bien donde pasé Noche vieja, o quizá lo he borrado de mi mente, pero lo que sí recuerdo es el pánico que sentía atacado por toda la fuerza de mi ego. La incertidumbre de lo inminente, la espera de una decisión ya tomada, y el comienzo de una nueva vida. Treinta y un días después ella cerraba la puerta dejándome solo en lo que ya dejaba de ser nuestra casa. Entonces sí comenzaba una nueva vida. Hoy, once meses exactos después, hago recuento de todas las cosas inolvidables que me han sucedido este año. Desde conocer a mis hijos de una forma que había sido desconocida para mí los primeros años de su vida. Aprender a cuidarlos, cocinarles, educarlos. La primera vez que nos volvimos a juntar los cuatro fue en abril, para el cumpleaños de Marcos, y ahí me di cuenta que los “mami, mami” de tantos años habían sido reemplazados por los “papi, papi, mira esto, dame esto, tengo hambre”. Formar parte del día a día de mis hijos no tiene precio y me ha cambiado la vida. 

Mis dos roommates, Aracely la señora que me los cuida, Robert, Chris, Mara, y muchos otros más que habéis estado día tras día, aguantando mis llamadas, mis escrituras y mis llantos. Mi tío, mi madre, mis hermanos, mi padre. Janelle y Rick, Silvio, Mati. Mi trabajo y todas las cosas buenas que me han pasado en él. Mi viaje a Praga. Mi viaje a Mallorca. Un año más de salud, y van seis y medio con un riñón nuevo. Por Álvaro y la conversación que me cambió el rumbo. A todos, gracias.

Hoy estoy orgulloso de quién soy. Algo tan sencillo pero que no podía decir un año atrás. Hoy hago balance de un año, y puedo asegurar que he salido ganando. Hoy sé que soy mejor persona, y que intento seguir mejorando. Hoy estoy convencido de que no cambiaría nada. Y hoy estoy seguro de que lo que me espera es mucho mejor que lo que dejé.

Feliz 2012 a todos.

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Mi novela

Me ha pasado de todo. Muchos me dicen que debería escribir un libro, pero todavía no tengo suficientes historias, aunque sí es cierto que varios capítulos sí llenaría. Algún día me animo a contarlas, de momento no me atrevo. Lo que sí debería hacer es juntar mis cuentos, y avanzar con mi novela, pero por mucho que saque tiempo para escribir todos los días no me organizo para hacerlo por el lado de la ficción, a pesar de que muchas de mis historias rozan la fantasía.

Comencé una novela en el 2008, basada en hechos reales que cuenta la historia de un cubano y una colombiana, una historia de amor. Con dos voces, narro la vida de estos dos personajes, tan diferentes y distantes el uno del otro pero que el destino pone en el mismo camino para vivir una aventura extraordinaria que me conmovió al escucharla. Este fin de semana la retomo. Después de dos años escribiendo todos los días (sí Enano, ya sé) creo que estoy listo para ir avanzando algo. Como dice un gran sabio y amigo: “si escribes una página cada día tendrás 365 en un año”, creo que mi amigo es matemático también. Por mucho tiempo no quería escribir por el miedo al fracaso. ¿Y si soy malísimo? ¿Y si los cuentos que escribo son una mierda? Escribiendo en El Mortero no siento esa presión, será porque no busco la aprobación de nadie. Ahora que pienso en mi novela vuelvo a sentir las mismas sensaciones. Las tendré que matar escribiendo.

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Soy The Wall

Ayer jugué al tenis por primera vez en más de tres años. Me invitó mi profe de yoga, que juega con un grupo todas las semanas. No quería ir porque imaginé que haría el ridículo. La profe me había dicho que eran muy buenos, y yo, bueno, me defiendo pero no puedo considerarme bueno. Eran ocho en dos pistas, jugando dobles, el que gana se queda en la pista y se divide esa pareja para que no haya abuso. Yo esperé el primer partido fuera, mirando y estirando, no jugaban mal. Pensé que sería el segundo más malo porque había un mexicano que por Dios. Cuando me tocó jugar no me senté nunca más. Una hora y media, con cinco parejas diferentes al mejor de 5 juegos y no perdí ningún partido, con mi saque potente, mi derecha diabólica y mi juego infalible en la red que me consiguió un nuevo mote: THE WALL!

Me sentí rapidísimo. Después de estar corriendo casi 20 kilómetros, un partido de tenis donde corrí quizá 3 me supo a poco. Recordé mis días en Calas de Mallorca con Álvaro y Carlos. Allí aprendí a pegarle fuerte. Recuerdo que jugábamos a pegarle desde fuera de la pista, sin contar puntos, solo pegarle durísimo desde el fondo de la pista. Me encantaba ese juego. Los partidos con Andoni. Los juegos con Iván, Ángel y las chicas del trabajo los sábados en la mañana. El torneo de nuestro trabajo, que no duró ni tres fechas porque Rafa arrasó en todos sus partidos, yo me jodí la espalda y Ángel el hombro.

I love tennis. VAMOS RAFA!!! VAMOS ESPAÑA!!!

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Dieta en las fiestas

En tres semanas de “dieta”, y digo “dieta” porque lo único que estoy haciendo es tomar unos batidos en la mañana y la noche, y comiendo sano al medio día, he bajado cuatro libras y siete centímetros de barriga. Muy poco pensaréis, sí, es cierto, y es que no me he portado lo bien que debería, con uno o dos días a la semana donde me excedo un poco. Esta semana quiero intentar comer sano los siete días pero ya sé que Noche vieja cenaré cosas que no debo, por eso, como dice mi roommate Adrián: “hago dieta para comer lo que me dé la gana”. Bueno, él no dice lo que me dé la gana porque es mexicano, y esa expresión es bien española. Esta semana tomaré esa filosofía, hago dieta para el 31 comer lo que quiera.

Es muy jodido hacer dieta en las fiestas. En mi trabajo hay comida todos los días, cuando salgo a comer durante la semana todo el mundo quiere atracarse, en los días de reunión hay tres veces la comida que uno puedo comer. Es algo genético, tradición de años y años de nuestros antepasados que no podemos cambiar solo con fuerza de voluntad. Hay una conexión en lo más profundo de nuestros seres entre comer y beber sin control que va asociado a las celebraciones. No concebimos una boda, una cena entre amigos o una Noche buena sin exceso de comida y bebida. Así estamos programados. Imaginaros una boda que sirviera ensalada de quínoa y un trocito de pollo hervido, y para beber agua. No sería una boda. O una celebración de Navidad sin vino, ni pavo, ni cerdo o cordero, sin queso ni jamón, sin pan.

Nada, disfrutemos los últimos días que nos quedan de poder comer sin remordimiento, o al menos con motivo justificado para ya volver a nuestra tortura la semana que viene.

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Los regalos

Este año no he recibido muchos regalos. Gracias a Cris por la taza de Charlie Brown, el libro, la pelota y los chocolates que tanto disfrutaron troceados mis hijos en los pancakes ese domingo. Gracias a Silvio por la chaqueta del blanca y dorada del Madrid. Hoy la estreno en el trabajo y con ella ganaremos la Champions este año, lo presiento. Y por último, un cuadro que pinto mi “suegra”, a pedido de mi ex, con tres pájaros en unas ramas. Por si no me había quedado claro, ahí están los tres pájaros, uno para cada uno de mis hijos y otro más grande para mi. Por lo demás, no hubo más, ni siquiera ropa o calcetines, o una bufanda para el verano de Miami. En realidad, no necesito nada más. Bueno, por necesitar, me iba a regalar una tele nueva si ganaba mi final del Fantasy ayer, pero perdí los $800 que habían de bote. Me quiero comprar unas cremas para la cara, por eso de que el maquillaje todas las semanas, y la edad todos los días, me la están deteriorando (sí Enano y tío Sebastián, todavía se puede deteriorar más. Seguro que es lo que habíais pensado. #mamones). En fin, que quiero muchas chorradas, pero son eso, chorradas. En realidad lo que quiero es un juez, y que termine ya todo esto. Y quiero no lesionarme, poder terminar la media maratón. Y quiero empezar el entrenamiento del Half Ironman, y no lesionarme, y terminarlo. Y seguir bajando de peso. Y que me dure el único riñón que tengo. Y que me dure el trabajo. Y que a Marcos le vaya bien en el cole, y a Sebas. A ellos les compré una mesa de hockey de aire, miniatura claro, no como esas que había en el centro comercial de Calas. Y unas pelis, y un bingo para que juguemos los tres en las tardes. A Lari un certificado para un facial y un masaje, para que empiece el año relajada. Pues nada, que lo que más ilusión me hace de los regalos es abrirlos. Esos segundos de incertidumbre, pensar en qué habrá pensado esta persona al escoger este regalo, sentir una cierta adrenalina y satisfacción al descubrir que esa persona te conoce, te escuchó y más allá del regalo, compró algo que confirma que estaba pensando en ti. Eso es lo que más me gusta de los regalos. Y yo soy malísimo para eso. ¿Y a ti, qué te regalaron?

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A remodelar

El jueves visité la casa de mi profe de yoga. Aquí muy cerca de la mía, de las mismas características, cinco cuartos, tres baños, una sala grande, el patio, la piscina. La casa la está perdiendo, por eso de la crisis bancaria y porque la compró cuando costaba cerca del millón y ahora va por la mitad, más o menos lo que le pasó al último dueño de la mía. La casa es preciosa. Los detalles, el suelo de madera, el espejo de la sala, la mesa del comedor, el juego de sillones del patio. Preciosa. ¿Mi casa? No tanto. La compramos en muy buen estado, a comparación de otras reposeídas por el banco, pero necesitada de meterle dinero. Justo lo que no le he metido en estos dos años y medio. Así como está, está bien para vivir, pero yo quiero que esté mejor. Por eso, y si todo sale como planeo, este año podré dedicarle un tiempo y dinero a mi casa. Ya iré subiendo fotos.

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