Archivo mensual: noviembre 2011

Las duchas de España

Dicen que los españoles no nos bañamos. No es cierto, a pesar de que yo odio las duchas de España. Y no es porque la mía en Miami sea el doble de grande, porque no lo es, o porque el agua salga más caliente, porque no sale, sino porque la experiencia es más agradable. Ya desde antes de irme a Miami, desde antes de conocer una verdadera ducha, ya no me gustaban las de España. De Benidorm y Calas no me acuerdo, pero sí de Molina, la de mis abuelos. Aquella no tenía cortina, porque a mi abuela le daba claustrofobia, y la presión del agua era más floja que un manantial de Sevilla en verano. El frío era ensordecedor, con un chorrito de agua que recorría una décima parte de mi cuerpo a la misma vez, y sin cortina, bañarse en casa de mi abuela era para valientes. En Palma el agua, o salía hirviendo o helada, o todas las tonalidades de por medio. O sea, me alejaba del chorro cuando hervía, me mojaba rápidamente mientras recorría todos los grados de la denominada “agua templada” y me separaba cuando llegaba a la helada. Entonces, a la distancia, me enjabonaba, cagado de frío siempre. Y cuando el agua subía de grados de la fría hasta la caliente, entonces me volvía a acercar al chorro para enjuagarme. Así todos los días de mi larga adolescencia. Todas las cortinas de España tienen defectos. Eso, o el agua es mágica porque pongas como pongas la cortina siempre el agua consigue atravesarla y mojar el suelo. Los espacios para secarte son más pequeños que zulo de secuestrador. El frío del suelo te anestesia los pies. La humedad de Mallorca se acopla en tus huesos. Así es muy jodido querer bañarse, a pesar de que sí lo hacemos. Los que no se bañan son los franceses, esos sí son unos guarros.

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Grace

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La lluvia de Palma

Cuando llueve en Miami, diluvia. Y puede dejar de llover diez minutos después. Cuando llueve en Mallorca, chispea. Y puede estar lloviendo tres días sin parar. Pero hoy ya salió el sol, radiante, expectante para depararnos un día de diversión. Por lo pronto me voy a correr que creo que he engordado dos kilos. Ya estoy saliendo de esos primeros días de nostalgia. Y es que el choque de recuerdos y distancias es muy fuerte. Siempre los primeros días son difíciles por las diferencias, la gente por las calles no es la misma, los lugares que han cambiado. Es la misma sensación que sientes cuando miras fotos tuyas viejas, te acuerdas de alguien que ya no eres pero a la misma vez lo sigues siendo aunque te hayas olvidado.

No puedo venir cada cuatro años, es demasiado tiempo.

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Lo que quieras oír

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Mi casa

Ayer llegué a mi casa de Calas. Ahí donde pasé horas despierto en las noches, pensando en una y en la otra, en la próxima piscina, el mar, la pesa, las bicis y mis colegas. Al llegar los recuerdos eran tan fuertes, y tantos, que me dejaron sin fuerzas para pensar. Eran imágenes que se agolpaban en mi frente, recuerdos, sonidos, lugares y olores todos en un mismo momento corriendo por mi mente.

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La llegada a Palma

Cuando tienes hijos tus preferencias cambian. Ya no piensas en ti, sino en su bienestar. Ya no quieres halagos, prefieres que se los den a ellos. Disfrutas de ver cómo los admiran, en vez de que te admiren. Ayer, después de más de quince años regresando a España desde que me fui, fue la vez que más disfruté el recibimiento en el aeropuerto. Durante el viaje me pregunté varias veces quién acompañaría a mi tío al aeropuerto a esperarnos, porque de eso sí estaba seguro, de que me tío llegaría a recibirnos. Pensé: ¿mi madre? Seguro. ¿Mi padre? Puede ser, pero quizá se queda durmiendo la siesta. ¿Mi tía? Trabaja, pero espera, termina de trabajar a las tres. ¿Mi hermano y Leah? Estarán de paseo, pero quizá saquen un tiempo a mitad del día. Y más tarde me di cuenta: hoy vendrán todos y no porque llego yo, sino porque vienen los niños. Y qué alegría me dio de verlos a todos: a mi madre, mi padre, mi tío, mi tía, Leah y mi hermano. Por un momento parecía que mis hijos viajaban solos, y yo era el cubano que empujaba el carro con las maletas. ¿Dónde le dejo el equipaje chico? Mi madre salió corriendo como si hubiera marcado un gol, con los brazos abiertos y dando zancadas mientras se agachaba a abrazar a los dos niños a la vez. Mi padre recobró el color que había perdido en estos meses, hasta creo que le salió algo de pelo en los brazos, que más tarde me mostraría en el sofá. A mi tía y mi tío nunca los había visto tan contentos, de seguro ninguna de las veces que había venido yo solo o acompañado. Mi hermano levantó a Marcos y casi pierde la espalda, y bueno, Leah sí me saludo porque ya no quedaban niños que abrazar. Me alegro mucho por mis hijos, que vivieran esta experiencia, para que sepan lo que es un recibimiento a la española en un aeropuerto.

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Gracias a los dos

Por estas dos cosas doy gracias yo. Hace más de un año que grabé este video, y todavía hoy lloro de la risa como el primer día. La risa de Marcos me contagia, la lengua de Sebas, pronunciando todo con la zeta, me fascina. Viajar con ellos hoy es el mejor regalo que me podrían hacer. Mi suegra me decía siempre que Dios tiene un plan, y nunca entendí por qué su plan tenía que doler tanto. Ahora lo entiendo todo, su plan siempe fue que mis hijos conocieran mejor a su padre y que yo los amara todavía más. Gracias por darme esta oportunidad.

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