El amante de Federico García Lorca

Hoy por peteción de mi hermano y porque es su cumpleaños, publico de nuevo este cuento que escribí el 24 de diciembre de 2009, El amante de Federico García Lorca.

Feliz cumple Enano… te quiero mucho!!!

Un día mi abuelo intentó besarme. Pero no uno de esos besos húmedos y ásperos con rastro de Ducados sino un beso de amante, en la boca. Me tocó la pierna y salí corriendo. Años más tarde me pidió perdón, cuando ya toda la familia sabía que mi abuelo era homosexual. Mucho tiempo después, durante una mañana de otoño fría me dijo que lo siguiera a su cuarto.

– Lo que te voy a enseñar- me dijo- no lo ha visto nadie.

Entre un paquete de tabaco descolorido, una pipa de caoba y unas fotos viejas en las cuales no pude reconocer a nadie, mi abuelo sacó unos sobres. Algunos sellados en España, otros en Bogotá, todos entre 1934 y 1936.

¡Alto pinar!

Cuatro palomas por el aire van.

Cuatro palomas

vuelan y tornan.

Llevan heridas

sus cuatro sombras.

¡Bajo pinar!

Cuatro palomas en la tierra están.

Mi abuelo pasó unos minutos leyendo poemas de amor, otros de odio y muchos de nostalgia. Le pregunté que quién los había escrito.

– Federico García Lorca- me contestó.

Puso la caja metálica en el suelo mientras se solapaba un lado sobre el otro de su chaqueta de lana. Comenzó su relato: cuando era joven, era igual de inquieto que tú. Bogotá era una ciudad muy clásica donde no había lugar para un chico puto que quería ser actor. El verano del 27 llegó la famosa actriz Margarita Xirgú, interpretando Mariana Pineda. Esa tarde me ofrecí a la compañía. Yo sabía coser, bordar, cocinar y me ofrecí trabajar horas sin dormir por una oportunidad de salir de Colombia y poder actuar. Me llevaron a Granada y ese mismo año conocí a Federico. Fuimos amantes durante muchos años, nada estable. Él viajaba mucho con su compañía de teatro, yo lo esperaba en Granada. La situación política en España era complicada y los rumores sobre su homosexualidad ponían en peligro su vida. Nos veíamos ya muy poco, cuando en el 34 me aconsejó que me marchara del país. En cualquier momento estalla una guerra, siempre me decía. Le hice caso. Dos años después lo fusilaron. Federico García Lorca me salvó la vida.

Ya en Colombia conocí a tu abuela. A ella no le importaba que desapareciera dos días enteros con mis amigos, sin llamar ni dar a conocer mi paradero. Mientras el negocio diera para criar a tu padre, ella era feliz. También yo sabía de sus esporádicos amantes. Ahora estas cartas son tuyas, son la prueba de mi clandestina relación con Federico García Lorca. Solo te pido que cuando seas mayor les des vida, escribe un libro.

Y eso hice.

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