A mi amigo: feliz cumpleaños

No es justo porque quisiera tener mucho más tiempo para contaros todo lo que esta persona ha hecho por mi. No es justo porque por mucho que escriba, lo más probable no consiga expresar todo lo que siento. Esta persona ha estado más de un año a mi lado, con lluvia, con viento, con problemas, con dolor de cabeza y siempre sin quejarse, ni una sola vez. Siempre que la he necesitado ha acudido a mi rescate, y siempre me ha rescatado. Esta persona sabe lo que pienso y conoce mi siguiente movimiento. A veces he llegado a pensar que esta persona es YO veinte años después, y que yo mismo estoy hablándome a mí, ya tras haber pasado por todo esto, por eso sé todas las respuestas a mis problemas. Pero no, esta persona existe, es de verdad, y mañana (hoy para muchos de vosotros) 5 de octubre cumple años. No hay un “Feliz Cumpleaños” o un “gracias” que de verdad comunique mi total agradecimiento. Por sus horas en el teléfono, literalmente durante toda la noche aquel lunes de diciembre. Si llamo a las seis de la tarde, que son las doce, contesta. Si llamo a las nueve de la noche, que son las tres de la madrugada, contesta. Si llamo a las dos de la madrugada, que son las ocho de la mañana, contesta. Y él ha tenido sus momentos, pero siempre los ha puesto a un costado, para darle cabida a mi momento. Muchas veces solo para dejarme hablar. Muchas veces para escucharme. Pero otras para decirme lo que tengo que oír. Y yo callo, y lo escucho. Hablamos de mis problemas. Hablamos también de los suyos. Descuartizamos cada centímetro de las canchas de fútbol. Analizamos tácticas, estados físicos, condiciones psicológicas, tendencias, matices. Nadie ve el fútbol como él, y yo me esfuerzo para que él no se aburra, exprimo mi mente para tener una conversación a la altura que se merece. Hablamos de Cotázar, y de Milan Kundera. Hablamos muchas veces de mujeres. Nos reímos a más no poder. Recordamos Praga, y Staña, y Petra (la madre que las parió). Y pensamos en las siguientes, y en el próximo viaje. Y recuerda que siempre habrá queso y dulce de aquel que compraba tu padre. Gracias por creer en mí. Gracias por no abandonarme. Gracias por ser mi amigo. Gracias Rodolfo.

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