El pirata Juan Pelos

Una historia que le escribí, y leí a la hora de dormir, a mis hijos.

Había una vez un pirata que se llamaba Juan Pelos. Era un pirata peculiar, no era de esos piratas de pata de palo, ni de un solo ojo, ni de esos que llevan un loro en el hombro (Tierra, tierra, suelen decir esos loros). No, el pirata Juan Pelos era un pirata moderno. Era un pirata que tenía un celular, también tenía Play Station, y el pirata tenía en su barco una computadora y tenía muchos juguetes. Porque el pirata Juan Pelos se dedicaba a buscar niños, niños buenos que hacían sus tareas y que se portaban bien. Entonces el pirata los iba a buscar a su casa, y si veía que habían hecho todas sus tareas los invitaba a su barco pirata. El barco pirata de Juan pelos era gigante, y tenía un parque en la parte de arriba, y también muchas televisiones. No era un barco de esos de madera viejos, el barco pirata de Juan Pelos tenía todo un buffet de chocolate, y tenía salas llenas de galletas, y de helados.

Entonces un día el pirata Juan Pelos llegó a una casa de Filadelfia. Encontró dos niños que habían hecho todas sus tareas, y se habían portado muy bien. Entró en la casa de los niños, una noche cuando todo el mundo dormía. Y miró dentro de sus mochilas para encontrar una grata sorpresa. En la mochila de los niños estaba el reporte de sus maestras, que decía que habían aprobado todas sus lecciones. Entonces el pirata despertó a los dos niños, que con muy poco discurso los convenció a subirse en su barco. Los niños disfrutaron de todos los juguetes que había en el barco, y jugaron al PS3 durante horas, y también se comieron todo el chocolate posible. Comieron tanto que se quedaron dormidos en un sillón de la sala principal del barco. A la mañana siguiente el pirata preguntó por los niños que se habían quedado dormidos fuera de su habitación, pero los niños ya no estaban en la sala principal. El pirata y sus secuaces los buscaron por todo el barco. Pero no estaban. Buscaron en la sala de juegos, y en la de las televisiones, pero no estaban. Buscaron en el buffet de chocolate. Pero no estaban. Buscaron también en sus habitaciones, pero no estaban. Los niños habían desaparecido. El pirata quedó muy preocupado porque los niños ya no estaban en el barco. Entonces el pirata Juan Pelos encontró sus mochilas en la habitación y miró una vez más dentro de ellas con la intención de encontrar pistas de su paradero. Para su sorpresa encontró que el reporte de la maestra que Juan Pelos había leído era del mes anterior, y que el reporte de este mes decía que los niños no habían terminado su tarea. Oh no, gritó Juan Pelos. Entonces ya sé donde están los niños. Como no hicieron su tarea, el pirata Pedro Calvo se los ha llevado a su barco y los tiene encerrados en una celda. El pirata Pedro Calvo no era un pirata bueno, era un pirata de esos que no se bañaba nunca. Su mal olor recorría los mares llegando a todos las islas del planeta. Entonces el pirata Juan Pelos comenzó a buscar al pirata Pedro Calvo para así rescatar a los dos niños. Y conectó el GPS de su celular, y buscó en Google Earth y miró en Weather.com para rastrear las tormentas y así adivinar la probable ruta que el pirata apestoso pudiera haber tomado. Y así rastreó y rastreó los mares sin fin, con un solo propósito, encontrar a los dos niños encerrados en esa cárcel apestosa. Por fin, y gracias a su nuevo Iphone 5, llegó hasta una pequeña cala de una isla cerca de la costa mexicana. Allí, entre la niebla del amanecer pudo oler el barco del pirata Pedro Calvo, a lo lejos, encallado en una pequeña playa. Juan Pelos abordó el barco pirata de Pedro Calvo sin hacer ruido y con dos piratas de su tripulación. Recorrieron la vieja fragata de proa a popa, de babor a estribor hasta dar con la fría celda donde estaban encerrados los niños. Allí los encontró, tirados en el suelo con un lápiz casi sin punta y un libro mojado por las grandes olas del caribe. Los niños habían terminado todas sus tareas del mes, además habían hecho las tareas del mes siguiente. Todas correctas, sin ningún fallo. Tres más dos, cinco. Nueve menos siete, dos. Si tengo nueve tazas y siete son azules, ¿cuántas tazas rojas tengo? Dos. Habían coloreado todas sus hojas, siempre dentro de las líneas, y marcado todas sus letras como decía el ejemplo del libro. Los niños habían pasado los peores días de sus pequeñas vidas, encerrados en un barco apestoso, sin comida, ni bebida. Por eso decidieron hacer todas sus tareas, y justo cuando terminaron aparecieron tres hombres a su rescate. Uno de ellos era el pirata Juan Pelos, que había llegado para llevarlos de vuelta a su casa. Abordaron los cinco el barco gigante de Juan Pelos. Comieron chocolate, y galletas, y unos bocadillos de nocilla riquísimos. Hicieron más tareas para que nunca más apareciera el maloliente pirata Pedro Calvo. Y tres días después llegaron a su casa listos para regresar al colegio. Pasaron los años y nunca más vieron al pirata Pedro Calvo. Siempre hicieron sus tareas a tiempo, como le gusta al pirata Juan Pelos.

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

4 comentarios

Archivado bajo Cuento

4 Respuestas a “El pirata Juan Pelos

  1. jajaja, entonces padre, ¿es tan mal que te dormiste?

  2. De los mejores morteros que he leído…

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