Archivo diario: Lunes, 19 septiembre, 2011

Paso de ti

Hoy otra vez no puedo dormir. Y es que somos muchos en mi cama, sobras tú. No cabes en mi cabeza, no dejas hueco para mis pensamientos. Y otra vez quiero decirte que te quiero, que no te he olvidado. Pero no puedo, no debo. Sueño con dejarme llevar y decirte todo lo que todavía siento. Sueño con dejar de engañarme. Sueño con que algún día regresarás. Y entonces escucho tu voz. Tu voz fría y lejana. Tu voz con el nombre de otro en tus labios. Tu voz que me dice que caminas en otra dirección para pronto enamorarte de nuevo. Enamorarte de otro que no soy yo. Entonces despierto de mi sueño y pongo mi música. Y ya no escucho tu voz. Solo escucho mi música. Ya no estás en mi cama. Estás en la tuya, lo más probable con otro, y me da igual. O me lo tengo que seguir diciendo. Me da igual. Me sobras. Soy feliz. Ya no te quiero. Paso de ti. Camina que no quiero verte. Tengo mi música, y mis libros, y mi mente. Tengo mis piernas, para correr todos los días, y alejarme de ti. Camina que no quiero verte, ni olerte, ni sentir tu pelo entre mis dedos. Paso de tu cara, de tus labios, de tus ojos pequeños. Paso de tus pechos, y de tus piernas. Paso de tus tacones y tus faldas con flores. Tengo mi música, y mi cama, y tengo todos los días de mi vida para despertar lejos de ti, lejos de los que no me quieren. Paso de los que no me quieren, paso de todos vosotros. Paso de los que pegan la vuelta. Paso de ti. Paso de tu sonrisa. Paso de tus manos, y tus caricias. No las quiero. Quiero mi risa, y a mi hermano, y mi sobrino y todos los que me quieren. Paso de ti por no quererme. Paso de ti por largarte, paso de ti por no creerme, paso de ti por rendirte. Paso de ti porque yo tengo la verdad y la verdad no está contigo. Paso de ti. Y no me mires más. Ni me hables. Ni me escuches. No me vuelvas a decir que me extrañas. No me vuelvas a decir que me quieres. Tú no me quieres. Ni me amas. No te vuelvas a acercar a mí. No me vuelvas a hablar suave. No me vuelvas a tratar con cariño. No me mereces, no soy para ti. No me vuelvas a tocar. Pasa de mí que no soy tuyo y nunca lo volveré a ser. No estaré nunca más en tu cama, nunca más dentro de ti. Nunca más sentirás mis manos, ni mis caricias. Nunca más tendrás mis besos, ni mis sueños. Nunca más te reirás de mis bromas. Pasa de mí porque yo paso de ti. Bailaré solo porque lo disfruto más, cocinaré solo porque la comida sabe mejor. Pasa de mi porque, aunque todavía te quiero cada día lo hago menos, y un día no muy lejano despertaré sin hacerlo ya. Pasa de mi porque ya no lloro por ti. Pasa de mi porque no te puedo tener. Pasa de mi porque yo valgo más que todo esto. Aléjate de mi porque mi música es mía y tu nunca más la escucharás.

Paso de ti porque creo que todavía te amo, y no quiero hacerlo.

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En mi película, yo me quedo solo

Acabo de ver la peli Middle man, sobre el surgimiento de la industria pornográfica en Internet con la creación del pago con tarjeta de crédito y la compañía 24/7 billing que se encarga de las transacciones de millones de sitios porno quedándose, obviamente, un trocito del pastel (bollo en otros países). Un tal Jack Harris (Luke Wilson) con una familia típica americana, viviendo en Houston, casa, perro, coche y dos niños, se embarca en una aventura acojonante en LA con dos pajeros de cuidado para montar un negocio que le deja 100 millones de palos el primer año. Putas, aviones, coches de lujo, mucha coca y mucha, mucha guita. El pavo pierde su familia y casi la vida en manos de la mafia rusa de LA, pero consigue salirse con la suya en la mayoría de situaciones. Muy interesante la historia para llegar al punto culminante: la historia de amor. Porque todas las pelis americanas son historias de amor de una manera u otra. Camufladas, de frente, de costado, por delante o por detrás, todas las pelis gringas son historias de amor. Sobraba la última escena en el puente en París donde Owen Wilson se encuentra con la rubia francesa en Midnight in Paris, y muchas otras más que no recuerdo porque soy malísimo para los nombres de pelis y de actires y actroces. Por su puesto en ésta llegamos al final con ella parada en el umbral de su mansión en Houston, él (Luke) parado en la puerta de su coche, ella llora (porque él acaba de rescatar de la mafia rusa al hijo de la chacha mexicana y porque extraña sentirse protegida por su marido), él la mira, ella sigue llorando, él camina hacia ella, la abraza. Entran a casa juntos con You can’t always get what you want sonando de fondo. Nunca se divorciarían. Tendrían dos hijos más y todavía siguen casados.

Odio las películas donde se reconcilian las parejas solo para dejar bajo control la ansiedad de la audiencia. En el cine las puertas no se pueden quedar abiertas, los billetes hay que recogerlos del suelo, el dinero se lo tiene que llevar el bueno, y la chica tendrá siempre que terminar de buenas con el protagonista. Una mierda. En mi película yo me quedo solo, porque las mujeres no perdonan tan fácilmente, la gente no olvida de una peli para otra, las parejas no se reconcilian como nos propone Holliwood, y a los hombres se le hinchan las bolas y se cansan de esperar. O sea que no os creáis todo lo que os cuentan en la tele porque el matrimonio y la familia están sobrevalorados.

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